
Sobrepinte mis verdes ojos de verdes.
Múltiples tonalidades de verdes,
verdes de helechos, de acebos, de zarzas,
de hayas y pinos verdes.
Y la mirada saturé de dorados castaños,
que parecen arder cuando en ellos la luz del sol reverbera,
jugando entre las ramas y los redondos erizos que de ellas cuelgan.
Las castañas dormitando, en cúpulas espinadas.
Pardas, brillantes coquetas castañas.
Montañas húmedas, redondeadas.
Montes frondosos y fértiles preñados de savia.
Y el quejido del aire que con las hojas baila.
Olor a madera viva,aroma a madera serrada.
Orondos troncos sacrificados
para calentar el cuerpo y las entrañas.
Las calles de empinadas cuestas,
y las sendas empapadas de agua.
Agua de lluvia,agua que emana.
Fuentes de piedra,gárgolas vomitando inmaculada agua.
La gente resana te atiende,
te encamina, contigo se demora, y te habla.
Y el tiempo retrocede, se detiene, se derrama.
Se aspira vida, se respira gloria, se paladea calma.
El atronador sonido del silencio,
por los oídos penetra hasta el interior del alma,
y vuelves a creer en todo sin necesidad de pruebas,
ni de meter los dedos en las llagas.
Allí en la sierra de Aracena, en Galaroza,
me he sentido renacer,rebosante de salud colmada.
y ahíta de bondad reciclad, he loado a mi particular Dios,
y le he dado infinitas gracias,
por que he podido volver a sentir,la alegría y el gozo,
de lo que en verdad significa vivir.