
Cuando en tus días de asueto subas a la sierra , abre los ojos por mi, para que a través de ellos se rebosen de visiones mis sentidos. Ocúpate los iris de un sin fin de colores; verdes de vegetación, pardos de ásperas y calizas tierras, azules de límpidos cielos y afluentes. Glaucos y ocres de resolanas hierbas, y todos los tonos que desde el horizonte, a su antojo el sol refleja.
Graba en tus oídos la charla de los arroyuelos y cuando como Siddartha descifres lo que dicen, repítemelo luego, y así mis tímpanos ausentes, sabrán de qué habla y de quién se y ríe la pertinaz corriente.
Aspira el aire de las cumbres, satúrate de vida el alma y más tarde si por mi casa pasas me dibujas en un papel los garabatos que pintó la brisa en las cañadas.
Eleva tu voz al firmamento para que la ampare el eco y la devuelva acrecentada por campiñas y senderos. Y yo desde la lejanía empaparé mi sordera de armonías, las de la flora, cuando la mece el viento, y la de los animales que por las serranías habitan, cuando asustados corren a su guarida, azotando la hojarasca que protesta ofendida.
Ruégale al viento del Este que traslade hasta mis estancias, todo el perfume del brezo, los madroños, y la jara y trasmine mi olfato, de las innumerables fragancias de las montañas.
Del amanecer recoge la luz de mil tonos rosados, y cuando se agote el día y se retire harto cansado, acopia el fulgor de cien estrellas, y el embrujo de la noche que promete caudales, de estampas bellas.
Loa a los olivos en mi nombre, cuando tras la bajada, los divises en la ladera, dile que por arcaicos y nobles una hija de la misma tierra los venera. Dales de mi parte las gracias por sus óleos de sabores brillantes y por su fruto tan pequeño, pero de magnanimidad abundante.
04/12/2004 13:19.
#.
Autor: Cierra tus ojos por mí
Abriré los ojos por ti, pero ellos no podrán rebosar de visiones tus sentidos porque son las mías y no las tuyas y, aunque se narren, no es lo mismo. Me ocuparé de los iris de un sin fin de colores: verdes de esperanza, pardos de deseos frustrados y de muerte anticipada, azules de puro aire y de pertinaz viento, ocres de desnudo cuerpo y todos los tonos que desde mi interior, a mi antojo, reflejo.
Grabaré en mis oídos la charla de los arroyuelos y el murmullo del bosque y del suelo; no sé si podré repetírtelo luego, porque tus tímpanos ausentes ocupados están con otros señuelos.
Aspiraré el aire de las cumbres, me saturaré de vida el alma y más tarde, si por tu casa paso, dibujaré un corazón en la pared encalada.
Elevaré mi voz al firmamento para que la ampare el eco y me la devuelva acrecentada por campiñas y senderos. Y yo, desde la lejanía, empaparé de sordera tu recomendación, levantando la hojarasca, que saltará agradecida.
Le rogaré al viento del Este que traslade hasta tus estancias todo el sentido de un nombre, toda la utilidad de lo que parece superfluo, toda la épica de tallar una palabra para que se la beba el raso sereno.
Del amanecer recogeré el despertar de unos ecos y, cuando se agote el día y se retire harto cansado, acopiaré recuerdos y el embrujo de la noche los llevará hacia su definitivo cementerio.
Fecha: 04/12/2004 21:17.