
Noche en la blanca cornisa,
la ciudad, se divisa iluminada;
garbosa bailaora, retozando descalza.
De luces vestida, festiva engalanada.
Centelleando el río, sierpe de plata,
la luna, acicalándose, reflejada en el agua
se perfila los labios con carmín de naranjas.
Al fondo, una Ninfa, de arabescos labrada,
dorada reluce, con encajes de gala.
El más afamado minarete que los árabes nos legaran.
Desde la lejanía, se contonea la “Giralda”;
orgullosa veleta, de misterios embrujada.
Tras ella, sus primas lejanas,
las gemelas agujas, de plaza de España,
hija de Aníbal González;
de marmóreas columnas, y azulejos diseñada.
Perfumada de jazmín y azahares,
Sevilla nocturna, desde el Aljarafe celada
Si con sol tiene un color especial
de noche, esplendorosa se derrama;
¡Y que decir del duende! que la habita de madrugada.