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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2004.
 Se detuvo frente al espejo, se miró, y éste, imperturbable, no le devolvió el reflejo. Comenzó a gesticular, a brincar, a gritar, y nada. Estaba solo. Tan alejado del mundo que lo circundaba, que ni siquiera el espejo le brindaba etérea compañía. Trini Reina 01/10/2004 13:59. #. No hay comentarios. Comentar.
 03/10/2004 15:11. #. No hay comentarios. Comentar.
 Como un vampiro en busca de sangre fresca, él recorría las calles en noches parcas de luna. Sediento.Mas, en lugar de morder y succionar la yugular de su victima para alimentarse, clavaba sus lascivos ojos en los cuerpos semidesnudos que, surcando el séptimo sueño, reposaban en sus alcobas. Luego, ahíto su instinto morboso, abandonaba la ventana ajena y regresaba al hogar con la inocencia en la cara dibujada. Sólo así era capaz de sentirse hombre. 06/10/2004 14:58. #. No hay comentarios. Comentar.
 Había una vez un hombre que decidió ser tonto y todo su afán desde entonces fue idear la mejor manera de hacer tonterías. Y es que la mayoría de las veces el tonto no nace; se hace. Trini Reina 08/10/2004 15:02. #. Hay 1 comentario.
 Ayer llegó el otoño a mi ciudad. Llegó de la mejor manera posible. Llegó con sus valijas cargadas de primeriza lluvia. Ya camina casi mediado Octubre, pero a mi ciudad el otoño siempre llega con retraso. Como impertinente novia que se hace de rogar, poniendo a prueba los alterados nervios del amado, en los eternos minutos que ha de esperarla en la puerta de la iglesia, el día de su boda. El otoño llegó y regó las calles y los campos. Los jardines y las plazas. Llegó y regaló su fresca y pura agua a la tierra que estaba angostada y moribunda por tantas jornadas de veraniega sequía. Temprano, al alba, ya lo barruntaba el viento, y el cielo lo confirmó con la primera luz del día. Amaneció la mañana colmada de nubes grises y gordinflonas que amenazaban reventar de agua. Pero el tozudo verano se resistía a marcharse e indiferente remoloneaba dando coletazos como reptil que pierde la cola pero esta, tenaz se resiste a morir, y se agita y serpentea por algún tiempo. Gotas de vapor al aire lanzaban las nubes caldeadas, y el aire se hizo espeso e irrespirable de tan cálido y pegajoso. Durante unas horas el otoño que reclamaba su feudo, y el estío que no se resignaba a marcharse, lucharon. El verano se negaba a dormir. Y en sus últimos estertores el vapor caliente y condensado entre tanta anarquía campaba. Hasta que una nube rechoncha y gritona, la madre de todas las nubes de ese día, con un enorme trueno puso fin a la batalla y con un rapapolvo de mamá enfadada envió al verano a su dormitorio allá en su augusta y ardiente casa. Entonces libre al fin, el otoño ocupó sus estancias y cómodamente se entregó a vagar a su libre albedrío. La primera lluvia de la estación empapó toda la tierra, mojó los edificios, y saludó a los jardines. Las flores se embriagaron y las hojas perennes más serenas, su penetrante aroma desprendieron como señal de bienvenida. Ya hoy en este nuevo amanecer, el aire se respira purificado y vivificante. Todo se siente renovado y brillante, de colores tostados y suavizados, y saturado de infinidad de olores. Olor a tierra madura y fértil. Sólo están de luto los árboles de hojas caducas que sin el abrigo del verano tiritan de frío aletargados. Pero es el sacrificio que han de ofrecerle a la madre Tierra para que nunca se rompan los eslabones de la gruesa cadena de la naturaleza. 09/10/2004 18:55. #. No hay comentarios. Comentar.
 Tomares, mi pueblo En esta sección de mi Blog pretendo mostrar imágenes de mi pueblo y porque no, contar cosas curiosas de él si surgen. Yo soy de Tomares, no nací aquí, yo que siempre viví en él, salí de él para nacer, ya que impaciente como soy, decidí nacer antes de tiempo y presentarme a la vida a los ocho meses de gestación, por lo tanto mi madre para evitar males mayores tuvo que ser trasladada a la capital (Sevilla) para dar a luz en un centro hospitalario, cosa que por aquel entonces hace cuarenta y cinco años no se estilaba, los bebés de mi pueblo tenían por costumbre nacer en las camas donde habían sido engendrados nueves meses antes, y las mamás parturientas eran asistidas por viejas vecinas y en el mejor de los casos por una matrona que para colmo no residía en el pueblo y a la que había que buscar al primer síntoma de parto. Pero desde que a los ocho días de ver la luz me trajeron a mi pueblo no he salido prácticamente de él. Si exceptuamos alguna semana de vacaciones a otros puntos peninsulares. Por lo tanto Tomares es mi pueblo y os lo quiero presentar poco a poco en esta Blog. Espero y deseo que si alguna vez pasáis por Sevilla os lleguéis a verlo ya que distan pocos kilómetros del centro de la capital, y si decidís venir espero y deseo que os guste el pueblo de Tomares y seréis bien recibidos por sus habitantes de eso estoy totalmente segura. T.R.R.R.R 10/10/2004 17:51. #. Hay 37 comentarios.
 El nuevo Ayuntamiento de Tomares, abrió sus puertas el pasado 18 de mayo. Está ubicado en la Hacienda Santa Ana, recientemente rehabilitada y remodelada, como nueva Casa Consistorial. El nuevo Ayuntamiento ocupa el edificio de mayor valor e interés patrimonial y arquitectonico del municipio, por su superficie (14000m2) es uno de los mayores de España. Este edificio, hasta hace dos años permanecia semi-derruido.Fue encargado de las obras el arquitecto don Guillermo Vazquez Consuegra. Ahora el edificio destaca por su claridad, multifuncionalidad y perfecto equilibrio entre lo moderno y lo antiguo. Situada en la calle de La Fuente, la Hacienda santa Ana fué mandada a construir por el Conde Duque de Olivares. En su origen presentaba la estructura típica de hacienda del siglo XVIII con dos áreas diferenciadas : la destinada a la manufactura del aceite y otra residencial de señorio que se completaba con un magnifico jardin. Tras más de dos años de obras los vecinos de Tonmares podemso disfrutar de este flamante edificio y por ende todos los visitantes. Tambien se convertirá en el epicentro de la vida social y cultural del municipio. 11/10/2004 13:07. #. Hay 1 comentario.
 Recientemente me ha dado por pensar en la muerte. No sé por qué precisamente ahora. Pensamientos tan agoreros los habría entendido mejor hace dos años, cuando me diagnosticaron un cáncer. Pero no, muy al contrario, durante mi enfermedad, operación y tratamiento, si algo tuve seguro es que no iba a morirme, al menos de esa maligno mal. Pero ahora, más de dos años después, me sorprendo a veces pensando en la muerte. Creo que mi marido antes, y unos días después mi madre (diplomáticos donde los haya), en el contexto de dos conversaciones que he sostenido hace indistintamente con ellos, cada uno un tema distinto (no recuerdo cual), los dos por separado hicieron el mismo comentario y éste me muerde en la mente desde entonces, llegando a pensar momentáneamente que ellos saben algo que yo no sé. Pensamiento que he borrado de mi disco duro, ya que yo siempre he sabido de mi enfermedad lo suficiente para poder luchar contra ella sin sorpresas. Como digo, mi marido una tarde dijo: - Hasta que no se cumplan cinco años no estaremos tranquilos contigo. Y mi madre textualmente dijo: - Hasta que no pasen cinco años no se nos asentará la ropa en el cuerpo. Yo a los dos festivos contertulios ignoré en esta semi lapidaria frase. Pero me ha hecho cavilar bastante durante unos días (será culpa del Otoño, que trae aroma a nostalgias y melancolías). En fin que pensando, pensando (pensadora me llama a veces mi marido), he sacado la conclusión que si la espada de la señorona Parca cae sobre mí (que caerá tarde o temprano, espero que lo más tarde posible) lo que más me dolerá abandonar serán mis cosas materiales. Esto es: mis libros, mis escritos, mis poemillas, mis enseres, mi casa alguna ropa bonita... Porque mi familia, mis hijos, mi marido, mis amigos, sí se sentirán apenados y tristes, quiero creerlo, pero sabrán cuidarse de sí mismos, son adultos y formados y es ley de vida. Pero mis posesiones materiales quedarán tan muertas como yo al no tener mi cariño, cuidado, amor y esmero a su servicio. PD: Ahora, podréis decir en vuestros comentarios que Regina4R, no sabéis si para un tanatorio, pero para un psiquiátrico sí que está. 13/10/2004 20:49. #. Hay 3 comentarios.
 Fue a finales de un verano, aquel año llegó un pedido urgente, de cajas de vino a la bodega. Vino que sería exportado a Europa. Cuando España aún era el norte de África para muchos. A nuestra fabrica llegaban los camiones cisterna cargados de vino blanco, aquí se le añadía una especie de polvo morado, y así lo convertían en vino tinto. No sé que productos químicos llevaba el colorante pero las manos se nos quedaban manchadas al manipularlo, y no había manera de sacarles el tinte. Ni que decir tiene que a ninguno de los que trabajábamos allí se nos ocurrió jamás probar el brebaje porque si manchas tan perdurables creaba en la piel de las manos cuanto más oscuro teñiría nuestras vísceras. Yo tenía quince años. Ya han pasado veranos por mí. Pero aún recuerdo vivencias de aquellos años de mi adolescencia, cuando trabajaba en la bodega.Por aquel entonces la única empresa que daba empleo en mi pueblo, y que antes de envasar vino se había dedicado a la manipulación de aceitunas de mesa. Y no sé si a todos les pasará pero cuando vienen a mi mente aquellas jornadas se me representan como un inmenso mural, como una pintura, como imágenes quietas, pero brillantes y claras. No recuerdo fechas exactas, ni que sucedió el día antes ni el mes después, solo son flases que por algún motivo más o menos extraordinario quedaron grabadas en mi agenda mental. Y de repente estallan tras mi retina y las rememoro como si fuesen pasajes de ayer mismo. De aquel tiempo recuerdo sobre todo la felicidad. Una felicidad en estado primitivo, rechinante, luminosa y pura. Y la risa, no una sonrisa tibia y pacata sino estruendosas carcajadas que de profundas y sinceras que eran hacían brotar lagrimas en mis ojos. Lagrimas de genuina alegría. Ahora tras tantos años pasados cuando evoco aquellas escenas, siempre veo el cielo más intensamente azul que ahora, y puedo asegurar que en el cielo irradiaban infinitamente más luz las estrellas. Las mismas estrellas, que me han hecho bajar al presente esta instantánea que describo. Fue una noche estrellada y de luna glotona y oronda dibujada en el cielo. Trabajábamos en turno de noche. Empezaba la jornada a las ocho de la tarde y finalizaba a las ocho de la mañana ¿cómo es que a esa edad por mucho que luchara jamás me sentía cansada? A las dos de la madrugada paraban la cadena envasadora. Era la hora de tomar un tentempié. La temperatura aunque nocturna era sofocante, los más jóvenes no nos quedabamos a comer en la nave almacén como hacían los mayores cómodamente sentados en las cajas ya embaladas, sino que salíamos en tropel al inmenso patio de la fabrica. Delante del portón principal un estrecho acerado por el que se caminaba de una sección a otra, y a continuación el césped. Ahí nos sentábamos en el cemento pelado, y los pies reposando en la fragante yerba. Desde ese punto el pueblo se divisaba al frente, algo más bajo que los terrenos de la fabrica que se ubicaba en una pequeña elevación del terreno. Comíamos el bocadillo entre risas y bromas, hablando a borbotones todos a la vez en voz alta y chillona para hacernos oír unos por encima de otros, pero siempre con la sonrisa instalada en cada palabra. Algunos de más comer sacaban fruta, y una imagen que me viene nítida es la de una chica de pie ante mí, mordiendo con su boca grande de grandes dientes, una pera enorme. Una pera Limonera, amarrilla rechoncha y llena de pintas marrones como pecas en cutis. Cada vez que en el mercado veo peras de esa especie, la instantánea de aquella noche estalla en mi cabeza, y es que aquella madrugada fue la primera vez que mis ojos veían una pera de esas tan gruesa, creo que por después nunca las vi de ese tamaño en las fruterías no sé si porque con la edad tendemos a ver las cosas más pequeñas ,que cuando somos jóvenes, que todo lo solemos magnificar en nuestro cerebro. También en esa media hora de asueto jugábamos a hacer cábalas cuando centrábamos la mirada allá abajo en la población y divisábamos alguna que otra ventana iluminada, a esa nocturna hora. Como entonces todos los habitantes de la localidad nos conocíamos y por ende sabíamos donde habitaba cada cual, nos divertíamos entre risas llenas de malicia y pudor en imaginar a Fulano y Mengana haciendo el amor, cosa que nuestras mentes adolescentes y calenturientas daban por cierta por el mero hecho de ver luz en un balcón determinado a las dos treinta de la madrugada. De repente todos gritamos al unísono, uno de los chicos puso en marcha los aspersores que regaban el césped y los periquitos lanzaron agua por doquier mojándonos sorpresivamente a todas las que seguíamos tramando diabluras. Era la hora de volver al trabajo, ya se oían las maquinas traqueteando en el interior. Algunas rezagadas aprovecharon los últimos segundos del descanso en refrescarse bailando bajo la ducha imprevista y así paliar algo el calor. Otras ya corríamos a carrera abierta por la nave almacén, hasta la zona de trabajo. Todos con la sana y sincera felicidad propia de los quince- dieciocho años instalada en el rostro, una especie de felicidad tan intensamente saludable que no he vuelto a sentirla tan fuerte desde entonces. Por un momento mientras escribo me parece que fue ayer y han pasado treinta años. 17/10/2004 22:13. #. Hay 1 comentario.
 Esta mañana me levanté como siempre al alba. Pero al contrario de otros días en los que tengo que salir a la calle temprano, hoy no estaba obligada a hacerlo, por motivos que no vienen al caso. Como no son horas de trastear por la casa y molestar a los vecinos, he tomado un libro de mi librería. “Autores Andaluces” es el titulo de la colección. Este en particular es un libro de cuentos o relatos cortos, así que he leído uno para matar algo el tiempo, pero que a su vez no tuviera que dejar a medias cuando llegara la hora de dejar de remolonear y comenzar las tareas de mi jornada. El autor me es desconocido, Rafael Cansino-Assens. Hasta este momento no había leído nada de él. El nombre del volumen es “El llanto irisado” un titulo de los que aún sin saber qué me deparará el interior ya despierta algo en mí, una especie de amor instantáneo por las palabras. El primer cuento de la serie es “ La salvación del mal poeta”. Me puse a leer. Cuando terminé (apenas cuenta con cuatro paginas), me descubrí llorando, yo que por lo general padezco una preocupante sequía lagrimal. Y es que de alguna rara manera me he sentido identificada con el personaje del relato. “El mal poeta” quizá porque a mi misma me llamo “poetastro”. A mí, tal como a él, se me presentó un ángel, ahora lo veo claro, la lectura de este cuento me ha hecho descifrar lo que vengo sintiendo desde hace algunos meses y que me mantenía instalada en un estado entre el asombro y la incredulidad. Cuando “El mal poeta” murió se le presentó un ángel justo en el momento en que se convirtió en alma que busca su morada perpetua. Él al ver la aparición confundió a tan bello querubín con un personaje de su pobre creación literaria y al que había cantado gran parte de sus mediocres poemas. El espíritu del vate exclamó. -¡Existe Marciana existe!- -Ella a quien le dediqué mis más bellas palabras, mis mejores estrofas. Existe en verdad.- Mas el ángel lo sacó de su error y le hizo saber que él no era Marciana, aunque sí tenía mucho de esta. Él era su ángel de la guarda. Y es aquí donde me identifiqué con el personaje principal del cuento, “el poeta” cuando el ángel le trasmitió al vate que no importaba que sus versos hubiesen sido malos, y que gracias a esa manía suya de versificar la belleza y la bondad que él presentía a su alrededor, se había salvado de caer en vicios nocivos. Ahí fue cuando comenzó mi llantera y di gracias a quien haya sido ese ángel que se adueñó de mi mente y ordenó a mis dedos a que se expresasen más o menos coherentemente sobre lo que mis ojos veían, mis oídos captaban, mi nariz percibía, y mi corazón sentía. Y bajo el poder de “ese” algo misterioso (yo soy la primera gratamente espantada) Comencé a tramar ideas e historias, a convertirlas en palabras, a desmenuzarlas en letras. Y formé versos medianamente inteligibles, suavemente inocentes, e infinitamente humildes. Y eso me preservó, no de los vicios del cuerpo, como al “poeta” porque como mujer de estos tiempos que corren, comprendo y admito sin más, los vicios de cada ser. “Cada cual haga de su capa un sayo” es mi lema. Pero sí me salvó de los vicios de la mente. De caer en la apatía, de revolcarme en mis miserias, de dejarme abatir por la depresión, de perecer en desilusiones, de trasmitir amargura a los que me rodean. No hay vicios peores que estos Al “Mal poeta” su mediocre inspiración lo salvó de una vida que el no hubiera quizá, estado orgulloso de vivir. A mí, mi Musa sea quién sea, ángel o diablo, sublime o agreste me ha salvado el alma. Plasmar mis pensamientos o poemillas en un papel ha supuesto para mí el mejor regalo que la vida podía depararme en mi madurez, y bajo mis circunstancias personales, sin pretensiones de ningún tipo y por supuesto sin ambicionar el estilo, el arte, la perfección y la gracia de mis admirados “Buenos poetas” 21/10/2004 18:48. #. No hay comentarios. Comentar.
 - Que no lo sé amigo Antonio. Que no sé de dónde me viene esta manía de hacer versos de todo. A cualquier hora, de cualquier cosa, de cualquier modo. No Antonio, no insistas cándida criatura. Que no poseo don ni arte. Que sólo se me ha desprendido algún ingenioso cable. Sí Antonio, y este alambre bruñido y alucinante hace contacto en mi cerebro, que en rimas se deshace. A veces Antonio, siento como si el depósito de mi memoria, de viejo haya perdido las arandelas y se ha desfondado entonando cantinelas. Y se inunda mi mente de alófonos y fonemas, que huyen del encierro de tantos años de bagatelas. Y ahora Antonio, por mi testa fugados, vagan miles de oraciones, millones de enunciados. Asperjados de comas viven mis sentidos. Anegada de verbos mi cabeza y ahogada de sustantivos. Nadando en enumerados, buceando en adjetivos. Ay Antonio ¿qué hago? Estoy que en mí no vivo. Y mi mente gira y gira cual caprichoso tiovivo. Para colmo tú, me das jarilla y alimentas mi ego exaltado Escribe, escribe, me apremias. Y yo obediente sigo bordando. Preposiciones y adverbios, comillas, puntos y predicados. Hilvanando paréntesis, tejiendo poemas voy caminando. Ay amigo Antonio, si ya lo asevera el refrán “A la vejez viruelas” ¿Quién da más? 23/10/2004 12:59. #. Hay 2 comentarios.
 Ayer hubo partido. Como cada quince días jugamos en casa. Esta jornada he invitado a venir conmigo a una prima, ya que mi habitual compañera en estas lides futboleras (mi hermana) está accidentada y no es plan de ir con muletas a un espectáculo de masas. Además que tras el bochornoso y deplorable espectáculo protagonizado hace unos años por unos hinchas impresentables con un bastón, éstas no están bien vistas en el estadio. Por lo tanto mi prima ocupó la localidad vacante. Mi prima es soltera de las de toda la vida. Tiene 51 años pero como sucede a las célibes aparenta menos edad y es que los hijos embarnecen pero envejecen. El caso es que yo iba muy ilusionada por el hecho de pasar la tarde con mi prima que era la segunda vez en su vida que asistía a un partido. Me reía al verla gritar o palmear. Luego se volvía hacia mí y preguntaba ¿Ahora que pasa?. Yo respondía “fuera de juego” y ella ¿y eso qué significa? Y yo explicándoselo a mi manera. A los diez minutos ya íbamos ganando y el equipo tenía buena planta, el rival inquietaba poco. Todo transcurría apacible y controlado. Mi localidad está justo al lado de la escalera de grada alta siendo mi butaca la primera de la serie. Ya avanzado el partido llegaron unos chicos de 15 a 17 años se sentaron en los peldaños en el hormigón pelado. Colindando conmigo,repartidos en la escalera. Uno, el más mayor de ellos allí mismo descaradamente se preparó un canuto, y el olor nos alcanzó a todos los que estábamos cerca. Alguien desde atrás gritó; huele a porro y yo en broma dije perdonadme es que no he podido evitar encender uno para calmar los nervios. Todos reímos. Avanzado el encuentro el equipo marcó su segundo gol todos los aficionados saltamos de la butaca movidos por el resorte de la alegría, palmeando y gritando gooooool, para que no cupieran dudas. Me senté y volví la cara hacía mi derecha y vi sentado a mi joven compañero. Pensé, este niño seguro que no es Sevillista, ya que yo veía a sus amigos aún saltando abrazados con la euforia en el semblante que produce un tanto del equipo propio, y él mientras allí estático en el escalón. A esto, que el chico cruza su mirada con la mía y me asusté, tenia el rostro pálido y un gesto de dolor en la cara. –¿Chico que te pasa? le pregunté. Pobre niño de la emoción había saltado en un impulso seco y repentino que le pinzó la espalda y lo dejó sin respiración por unos momentos. Me ofrecí a acompañarlo al puesto de la Cruz Roja, para que lo viera un ATS, el chico aceptó y bajamos los dos por las desiertas escaleras del estadio hasta la planta baja. A pie del terreno de juego, estaban los de la Cruz Roja que se llevaron al chico hacia una habitación aparte para examinarlo. Como yo no era familiar me dejaron allí fuera en la esquina del campo. Vi partir al chico y le dije -Aquí te espero. Y me volví hacia el césped a seguir viendo el partido. Acostumbrada como estoy a ver el fútbol desde las alturas en mi asiento de siempre, verlo allá abajo era distinto, se percibía todo tan cerca... más o menos como cuando miramos por unos prismáticos, ahora yo miraba por el visor de aumento. De pronto lo vi venir hacia mí, desde el centro del campo, subiendo la banda con el balón en los pies para centrar en el punto de corner y lanzar el tiro al área para que algun compañero atinara a meterla en la porteria contraria.No hubo suerte esta vez, el tercer tanto no subío al marcador. Pero yo me sentí extasiada al ver a mi idolo tan cerca. Allí estaba yo frente a él, pasmada de admirar a “la bestia” . Semejante Adonis negro, perlado el rostro de sudor, el pecho aspirando e inspirando agitadamente por el esfuerzo de la carrera. Pensé, parece un enorme Coloso de color del café solo. El chico me tocó el hombro, me sacó de mi arrobamiento, olía a Reflex y en su estomago nadaba ya una cápsula calmante y algo más recuperado el color. Subimos las escaleras hasta la grada alta a esperar en nuestro lugar el final del partido. Pero eso si en mi retina quedó grabada la imagen de Baptista, alias “La bestia” una pantera negra convertida en hombre perfecto. |