
Deambula rumiando su carga, con presagios de temor. Imagina que en una ráfaga de álgida nieve retornará galopando el yermo desamor.
¡Ay esa cabecita loca! deja ya de elucubrar, mientras tu alma retoce feliz, acepta el don que se te da. Y si fenece la pasión, en marmórea cripta sepúltala; comienza una nueva epopeya con la ilusión subyugando, al qué será.
Porque de nada vale lamentarse por lo que nunca sucedió o jamás acaecerá; falacia es que el tren ante tu puerta solamente una vez se aviene a pasar. Con una brizna de ventura y el corazón dispuesto a entregar, ante tu mirada, mil veces tremolando cruzará. Sólo has de ser osado y saberlo montar
Así que cuando te rebosen los sueños, ponle a la mente un bozal, que en esta vida cuando una cruzada de finales adolece; tras la esquina, otra, gestándose está.