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El hombre que no sabía decir "No"

Luna.JPGPara no molestar, por no disgustar, evitando hacer daño... siempre asentía. Si lo haré, si lo tendrás, si te lo daré. “Si” era la palabra más usada en su vocabulario.
El “No” ni existía, ausente vivía del catálogo.

Cuánto más daba, más le pedían, desconocía la palabra “No” esas dos letras de sus labios jamás brotaban. Decía “Si” y los ojos cerraba. El espíritu lo sufría… lo sufría... La meta no divisaba.
Los años le podían, el cansancio lo pisaba.
Dame, dame, dame y él, todo lo daba y daba.

Grano tras grano el reloj de arena de una campana a otra trasegando. Pasan los días, se suceden las semanas el peso se hace insoportable y el “no” enmudecido en su garganta.
En los anocheceres, sin más que entregar, sin resuello se quedaba.
Despunta la mañana y espléndida de fuerza su poder derrama; mas el “No” sigue ausente el “Si” campa a sus anchas, todo lo ofrecía, a nada se negaba...

Fantaseaba con volar, mas no atinaba a desplegar las alas. Soñaba con partir a una tierra sin aristas, desdenes, ni dagas. Libertado de cadenas, en paz de cuerpo y alma.
Mas sus pies por la bondad atados, no se atrevían, el círculo andaba y desandaba. Girando, girando al punto de partida retornaba. Y siguió asintiendo, sus “Si” a todos donaba y repartiendo asentimientos alegrías regalaba, mientras él, de tanto darse sin energía se marchitaba.

Un día le exigieron una estrella, tráemela que no tengo estrellas en el museo de mis caprichos y él dijo, una te traeré si me abres la verja del circulo. Y las puertas por ensalmo se abrieron y caminó a pasos trémulos al principio, cruzó el dintel, los pulmones anegó de aire límpido. Elevó la mirada al firmamento e inalcanzable le parecieron los astros, pero imperiosos los gritos lo apremiaban, sin piedad, obligándolo.

Quiero una estrella, insaciable la voz lo acicateaba, dame ese tesoro o todo lo anterior no sirvió de nada. Y él comenzó a mover las plumas, poco a poco desentumeció sus alas, con un impulso despegó del suelo y voló hasta alcanzarlas.
Y voló y voló... sobrepasó la estrella del alba, la más brillante de todas y también la más opaca y siguió su vuelo hasta que el sol le entibió la cara. La luna le ofreció su regazo para que se recostara.

Y allá en el infinito comprobó que es posible vivir alejado del egoísmo. A resguardo de malas artes, despojado de la cizaña... Liberto, redivivo, allí nadie le sangraría el alma...
Aunque las estrellas alcanzó decidió no retornar a esa tierra impía y parda, en el cielo se quedó, feliz; entre las nubes vive y canta.

©Trini Reina
01/04/2005 15:50. #.

Relatos

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La paz del olvido

esperando.JPGMientras esperaba fueron cayendo los pétalos del calendario de mis años. Las nubes se sucedían en el cielo que de tan inmensa espera se acabó decolorando.

Llegaron las golondrinas y partieron. Arribaron las cigüeñas y retornaron. A mis pies, el montículo de flores muertas, en cenizas permutaron. Mas las columnas de mis piernas, estoicas, la tierra seguían hollando.

En el pecho los latidos, fueron amainando, como una tormenta profunda, en un océano entregado. Los ojos, de mirar a lontananza de arrugas se fueron tallando.

Y despuntaba el sol, y estallaba el ocaso, la luna crecía y menguaba en un ritmo cansino y amargo. Y yo, en la cumbre del desatino de impaciencia me fui ahogando.Con las banderas de mis recuerdos, con los blasones de mi fracaso, con los brazos expuestos al viento, con todo el cuerpo alertado. Mientras mi alma, ahíta de desespero, en su cripta se fue desencantando.

El verano bronceó mi semblante, el otoño amarilleó mis manos, el invierno con sus dientes de nieve; la ilusión fue desgarrando. Ajada la esperanza, dimitió, tomó sus frágiles bártulos; cabizbaja se marchó misereres salmodiando. En una mano el pañuelo, en la otra, para el corazón… el olvido suplicando.

Para ti amiga M. Que el olvido te conceda la paz
©Trini Reina
03/04/2005 11:31. #.

Prosa poética

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Un poquito de ambientador ¡por favor!

Enfermera.JPGRecibí un msn en el móvil. Era mi hermana, ven al hospital, mamá esta en urgencias. Allá que fui.
El hospital comarcal de reciente construcción está cerca de mi domicilio. Al llegar pedí al guarda jurado que me dejase entrar y así avisar a mi hermana de que ya estaba allí e interesarme “in situ” por la salud de mi madre.
Mi hermana por telepatía eligió ese mismo momento para salir y mirar si yo había llegado, intercambiamos información y nos turnamos. Ella esperaría fuera y yo dentro con mi madre.
Nada más cruzar la puerta lo percibí, pero me urgía presentarme ante mi madre no fuera ser que se asustara por verse sola en la sala de espera para enfermos.
La vi, la besé y tomé asiento a su lado. Ella me narró los síntomas que había sufrido, los que en esos momentos padecía, las pruebas que le habían realizado y, más o menos el tiempo que tendríamos que aguardar los resultados...
Ya más tranquilas las dos, le dije
- Mamá que horrible olor hay aquí- y ella dijo
- Si hija, por eso estaba deseando que llegases tú y saliera de aquí tu hermana.
Mi hermana tiene excesivamente desarrollado el sentido del olfato y es bastante escrupulosa...
- Pues yo no me marcho de aquí sin dar queja de esto...
Así que ni corta ni perezosa me acerqué al mostrador de la enfermera jefe de sala, una chica muy guapa con la cara llena de pecas y una sonrisa tipo “enfermera” muy bonita.
- Señorita, usted perdone pero me niego a salir de aquí sin quejarme de esto
- Dígame usted
- ¿Se han dado ustedes cuenta del terrible olor a humanidad femenina (divorciada del agua y el jabón) que hay aquí?
- Sí, dijo ella – nosotros también lo hemos notado...
- ¿Y no pueden hacer nada para remediarlo?
- -Pues... que yo sepa, nada.
- ¿Y esto es así todos los días?
- No. Es que hoy ha estado el servicio de urgencia demasiado saturado… y además la calefacción encendida...
- Pues no sé, pero esta situación me parece antihigiénica, para los enfermos, para los acompañantes, y para los trabajadores.
A lo que ella terminó contestando con un ademán de impotencia.
Tras darle las gracias a la enfermera, que ya bastante tenía con trabajar en esas desagradables circunstancias para el olfato, me volví a sentar junto a mi madre y le relaté la conversación mantenida.
Conforme pasaron las horas el mal olor se difuminó hasta que apenas se notaba, tal vez porque el cuerpo humano, tan elástico... se acostumbra a todo.

Tras el alta médica, bien entrada la madrugada volvimos a casa, mi hermana conducía, mi madre de copiloto y yo detrás. Les dije
- No sé ustedes pero yo tengo ese maldito olor clavado en la pituitaria- y mi hermana y mi madre al unísono dijeron
- y yo también
Comenzamos las tres a reír, relajando nervios y expulsando miedos, pues ya mi madre se había recuperado. En estas que se me ocurre decir
- Estoy pensando que si llega a entrar en la sala un gorila en celo, nos viola a todas las mujeres que allí estábamos...
Entonces estallamos, ya no en risas sino en tremendas carcajadas, con lágrimas incluidas, pues tanto mi madre como mi hermanan y yo vertimos más lágrimas al reír que al llorar. Todo un problema para lápices delineadores y Rimel...
¡¡¡Un poquito de ambientador por favor!!!
04/04/2005 19:56. #.

Al son de mi mirada

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Aires y aires

mujer2.JPGDe qué te duele a ti de mi soledad,
si mi desolación
no te roza ni de lejos.
Te ofreces con temor.
Presumes sin complejos.
Mas no luchas por paliarla,
tus favores son etéreos,
palabras sin alma,
vagos propósitos, vacuos consejos.

Aires y aires...
nubes y espejos.
Reflejos inanimados,
sacrificios incruentos.
Desapasionados latidos,
empatías sin fundamento.

Cómo me brindas compañía,
si habitas un país ajeno,
dónde no me alcanza tu risa;
ni me alimento de tus besos.
Tus brazos no entibian mi talle,
ni tu agua calma la sed que padezco.
Deja la piedad para los Santos,
las catedrales, para los rezos
para qué quiero tu solemnidad
Si ni me quieres, ni te tengo.

©Trini Reina
05/04/2005 18:42. #.

Poemas

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Según baje la corriente

Rio.JPGA veces cruzas el más ancho y caudaloso de los ríos, el de longitud más extensa, el que pintan como fiero e insalvable; ese tan profundo que por el navegan embarcaciones colosales…
Ríos de traicioneros rápidos, de peligrosos remolinos. Ríos de cataratas tan altas, que los ojos se agotan antes de divisar la cumbre. Ríos de fondos lodosos. Ríos de aguas abismales…
Corrientes bravías por donde pululan voraces peces. Pirañas de negras bocas repujadas de mortales dientes.
Y estos kilométricos ríos, estos indómitos afluentes, los badeas sin esfuerzo, los ganas sin malgastar aliento, los vences con el ánimo por bandera; los conquistas con la tenacidad de la mente y el alma jubilosa.

En cambio a veces…muchas veces, una mansa lluvia provoca catastróficas riadas en los sentidos. Una gota de agua te aplasta hasta asfixiarte. Una lágrima quema más que el fuego…

©Trini Reina
08/04/2005 17:00. #.

NiRosasNilLirios

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Despertares

despertares10.jpgEl reloj interior tañe su campana, despidiendo al sueño con sinfonías de adioses. Las pestañas se desperezan y descorren las cortinas de seda, para que penetre la luz de un nuevo albor.

Una ráfaga, una estela fugaz se cruza por la mente, salpicándola de instantáneas sobre remotos recuerdos. Reminiscencias que, perturban las brumas de la memoria. La nostalgia lacerante de lo ausente.
El alma se eleva desde su seno reclamando un abrazo ajeno, que nunca tendrá, porque jamás tuvo.

Las dimensiones de la estancia, poco a poco recobran el tamaño razonable; la visibilidad idónea. Los ojos totalmente abiertos ya, aceptan al día que se inicia.
Oscureciendo al corazón, una nube retarda su evaporación, impidiendo por unos minutos que estalle el sol mostrando su esférica silueta.
En el resto del cuerpo la última brizna de pereza le dice adiós a su crisálida de acogedoras sábanas y conmina a los pies a emprender el camino hacia esta jornada que abre sus puertas, dónde sin remisión obligado está a lidiar, con las luces y las sombras del orbe privado.
©Trini Reina
11/04/2005 13:50. #.

Oreando prosas y versos

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Vieja estampa

cigu.JPGSe derramó la paleta de los grises
impregnando de plomo el firmamento.
El aire llegaba cargado,
tan denso como el acero.
No era frío el ambiente,
la primavera, ya nacida,
dormitaba en sus aposentos
mas; en las caras desnudas
la brisa húmeda, depositaba sus besos.

Entre las ramas de los árboles
mitad verdes, mitad resecos,
una sombra con alas
divisé sin creérmelo.
Agucé más la mirada,
paré los pies en seco,
una cigüeña volaba
por desacostumbrado cielo.
Sólo fue un instante
luego, tras las nubes,
se ocultó el ensueño.

Quizás erraba perdida,
o tal vez, lo intentó de nuevo,
volver a formar su nido;
en las urbanizadas torres del pueblo.
Fue una visión hermosa.
Una estampa de otro tiempo
cuando las cigüeñas anidaban
en los campos olivareros.

El pueblo se hizo ciudad.
Los olivos se perdieron.
Las sabias aves
en parajes más libres;
sus nidos erigieron.

©Trini Reina
13/04/2005 09:12. #.

En alegrías...

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Manos vacías

Tristeza roja.jpgCon las manos vacías vuelvo
y todo el peso de la ausencia
clavado en los hombros…
Pintados los ojos de sombras,
tras las pestañas, el dolor;
las cortinas rasgando…

Fui con toda la luz puesta,
de lustres la piel teñida,
la melodía de la sangre,
felices las venas, aplaudían.
Acudí con las estrellas prendidas.
Enarbolando el amor desnudo
expuesta… y receptiva.
Pero nadie me esperaba,
ocupado el hogar por la umbría,
las puertas clausuradas,
las paredes rezumando verdina.
Las promesas se las llevó el aire,
al país de las mentiras.
No hubo sirenas de aviso.
Olvidó firmar,
esquelas y misivas.
Las telarañas amortajaron;
la descarnada pesadilla.

En el suelo, a mis pies;
un rojo charco...
Allí se ahogó mi fe
y resucitó mi quebranto.
Apagué todas las luces,
sembré el alma de ocasos,
el corazón llora su soledad,
tan vacío, como mis manos.

©Trini Reina
14/04/2005 08:25. #.

Poemas

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Rendida el alma

diamantes.jpg

Espectro negro, desdibujada silueta.
Me niego a abrirte mis estancias
Mas tú, sombra, impura estela,
a pasos gigantescos te desplazas.
Te cuelas por mi azotea,
por las rendijas de mis ventanas;
el ojo de la cerradura
y las paredes encaladas.
Denso, oscuro, sin pausa…

¡No!, no quiero,
cobijo no quiero darte.
Te repudia la cordura,
te reclama sin pudor la sangre.

Sutilmente
los tentáculos alargas,
amparado en el aire
te filtras en mi alma.
Atizando al fuego
en el vientre, las ansias;
torturan al corazón
para que baje la guardia.

Un ápice de tesón me resta.
¡No!, no quiero brindarte
las llaves de mi casa,
mas soplas en los cristales
y tu aliento prende llamas.
En todo el cuerpo vencido,
en los confines de las entrañas.
El deseo, encabritado,
destruye mis fachadas…

Acatando la derrota,
a ti me abrazo
y te rindo armas.

©Trini Reina

15/04/2005 13:40. #.

Poemas

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Tiñoso Peineta

satan1.JPG

Tiñoso Peineta es malo, sí, se dedica a hacer daño simplemente por norma. Ve la felicidad, el bienestar o el trabajo bien hecho en acera opuesta y trama, urde, piensa y repiensa mil maldades para fastidiarlos. Porque hacer el mal es su gozo, su emponzoñado orgasmo, su único placer.
De noche no duerme, como un vampiro se agita en sus aposentos ideando la más cruel manera de saltar con sus dientes de piraña sobre la yugular del prójimo, del hermano, del vecino... No descansa en su afán de aguar el contento de los demás, la sana diversión…y ahí está, de día y de noche devanándose los sesos, buscando la idónea manera de enlodar la casa ajena; malignidad tras malignidad, su hedionda mente maquina sin tregua.

En cuanto algún incauto, vasallo, esclavo o desgraciado le presta atención Tiñoso, como un volcán de materias inmundas, vomita su pestilente lava.
La persona cuerda, entera, cabal, que lo escucha, no da crédito a lo que los oídos captan, mas los ojos, vivos y sabios, ven anonadados como mezclados con pildorazos de saliva, por la boca de Tiñoso escapan dardos de rejón oxidado, astillas impregnadas en curare, dagas afiladas y hasta algún que otro sable todo con la intención de herir al que inocentemente exhibe su alegría, celebran sus solemnidades… esas que, con infinito esfuerzo, elaborada sencillez y multiplicadas ilusiones ha estado ansiando largo tiempo.
Y lo peor, lo más punible de todo, es que Tiñoso posee lo mejor para un buen vivir, un buen yantar, un buen beber, un buen navegar y un buen volar…mas es digno de lastima pues no sabe disfrutar de ello y, aquí mora, ahogándose en un charco de verde envidia, en un pantano de rencores e inferioridades… atávicas, purulentas, enquistadas.
Y para colmo, para su propio descrédito, se ampara en el chiste fácil, en la verborrea barriobajera que, solo ríen sus adláteres y la gente de pocas luces…

Y por supuesto…se lo pasan en grande sus vecinos al ver como la impotencia de no poder amargarles la diversión hace caer a Tiñoso Peineta, cada vez más al fondo de su negro precipicio, ya que ellos, gozando de sus faustos, son inmunes a tanto vocablo difamatorio pues están muy por encima de la malicia de un caduco e irrisorio “payaso” que no tiene suficiente poder para estropear tan magnas celebraciones…

El mundo está lleno de Tiñosos Peinetas, que cada uno ponga imagen al suyo.

16/4/05/Trini Reina

17/04/2005 09:10. #.

Relatos

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Color de olvido

tristeza.JPGSe presenta la añoranza bordada de nubes. Cúmulos orondos color plomo, textura de plomo; sabor a plomo. Por las que el sol impotente, negado está a penetrar con sus destellos áureos. Oro cálido al que espera sabiendo, que el martirio de ahora, en el porvenir, tendrá validez y sustancia. Mas helor punzante a los desesperanzados.
Mil kilos pesan los hombros, que empujan hacía abajo al resto del cuerpo grávido. El suelo se presiente cada minuto más cercano, tanto que se huele la humedad del lodo.
La cabeza en su atalaya es un caos de pensamientos delirantes; no pesa, de tanto elucubrar se ha transformado en humo.
Una mueca descolorida, la boca saturada de vacíos, en la nada diluida, rodeada de arrugas, acanaladuras sin saleros ni dulzuras.
Pozos sin fondos, en los que la retina no logra divisar el reflejo de lo que otean las tristes afueras: los ojos. Y sus pestañas cortinas de calabobos.
Venus, ni por asomo brilla en el alba, ya que el horizonte ha abierto hoy las puertas imitando, el color del olvido.
@Trini Reina
18/04/2005 13:45. #.

Oreando prosas y versos

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Sesteando

Mujer dormida.JPGComienza a llover. En la calle, los obreros que restauran la acera, a prisa recogen materiales y bártulos. Una nube matizada de gris se acomoda en mi frente. El cansancio, como una ola, en su pesado manto me envuelve.

Pausadamente llora el cielo. Lágrimas que la tierra, con déficit de agua devora. En el jardín, las raíces, avariciosamente llenan sus venas; tallos y hojas no cejan de exigir alimento. Es primavera y como un bebé hambriento ávidamente busca del pecho de su madre la maternal leche, las plantas reclaman el elixir de vida; esas gotas de lluvia que tan lentamente, casi con tacañería, el cielo esta tarde, sin previo aviso les brinda.

Mis párpados empapados de sopor están corriendo las cortinas y la mezcla de sueño y cansancio como un amante me posee. Arrebujada entre sábanas me entrego a la siesta.
En el patio, las vecinas, se afanan por recoger la ropa de los tendederos. En la calle, los trabajadores, continúan su tarea pero, ya mi cuerpo rendido, en el taller del sueño autónomamente se repara…
Al despertar minutos después, luce un tímido sol. Se terminó el rocío de oro líquido. A saber cuando volverá a aparecer otra tormenta. Las nubes vuelan hacía el este, y con ellas viaja mi somnolencia…
La hora de la siesta ha concluido.
Trini Reina/18/04/05
19/04/2005 12:10. #.

Prosa poética

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Un saludo...

petalos.JPGLa calle estaba semidesierta, una señora tras de mí con una niña pequeña de la mano hablaba en ese tono tierno y cómplice con que se habla a los niños. En la lejanía un perro echado a la sombra...

A él lo divisé bajando a lo lejos, venía caminando por la acera opuesta. Cruzó la calle y tomó la vera que yo traía. A la altura de la cafetería esquivó los veladores con sombrilla colocados en la peatonal y estrecha callejuela y a falta de unos metros para que coincidiésemos, habló y dijo
- Trini que alegría me da cuando te veo.
Yo le contesté,
-y a mí me da alegría de que te alegres de verme...
Los dos, sin habernos parado, seguimos nuestros caminos...
A mí, con el sentimiento de culpabilidad aliviado, se me abrillantaron los ojos. A él, evocando, seguro que también y no me extraña que derramase alguna lágrima.

Su hermana y yo sufrimos al mismo tiempo idéntico mal, a ella la operaron un mes antes que a mí... ya hace dos meses que ha muerto...
20/04/2005 19:15. #.

Vivires

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Lirios, Rosas y Nardos

Lirios2.JPGSí no se alimenta. Sí dejamos de inyectarle savia. Sí no la abonamos con buenas acciones. Sí a diario olvidamos regarla… como una planta que no se cuida, la amistad, se deshoja y apelmaza.
Por mucho que uno entregue, labore, mantenga encendida la llama… si el otro no expone, no apoya, no anima, no se lanza; en el aire se desvanece la complicidad y enmudecen las campanas.

De qué sirve exagerar los gestos. De qué valen los alardes en la palabra, los golpes de pecho, las promesas vacuas; sí escatimamos las semillas, y restringimos el agua…

Se van cerrando cancelas, se clausuran las ventanas, se oxidan las llaves, los cristales se quebrantan. Ni uno cruza el umbral ni el otro atina con la puerta de la casa.


Pasa el tiempo, se ramifican los carámbanos, la desidia a placer, socava más espacios. Crecen las ausencias, se multiplican los agravios. El amargor que destila el alma sube hasta los labios y en la boca se paladea la arena del desengaño.
El orgullo mutila a los amigos… la amistad se diluye de las manos…

La distancia se interpone, entre tu suelo y mi tejado…

La amistad, delicada flor que hay que mimar a diario; a pesar de las prisas, relojes y calendarios.

© Trini Reina
21/04/2005 18:52. #.

NiRosasNilLirios

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Puertas al aire

Mujer fuego.jpgEn un arrebato de soberbia quiso domeñar al viento, erigiendo puertas en el aire. No advirtió que hay presentes que matan. Como los celos, que ennegrecen el alma, los besos en los definitivos adioses, los desaires en las crudas miradas.

Al percatarse del delirio que sufría, se conformó con que, al menos, cesase su profundo frío y, bondadosamente, imploró al sol que caldease la atávica soledad en que sus entrañas pervivían.
Éste, magnánimo, le donó mil ósculos de fuego y cien rayos de brillantes caricias.

Magnífico es el mar si carece de diques y rompeolas. Límpidos los ríos en el nacimiento cuando rebullen encabritados. Luce infinitamente más la luna sin ser circundada por un halo. Óptimo resplandece el amor cuando, en libertad, es vivido y gozado.

Nadie debería vestir de cadenas lo que le es ajeno y por gracia le ha sido entregado. Lo etéreo, lo sublime, lo dulce, lo bello... lo amado.
24/04/2005 11:10. #.

Oreando prosas y versos

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Perros y Pulgas

plutonio2.JPG

Érase una vez un perro llamado Plutonio. Era un perro de marcada raza. Bien formado y educado. Andaba ya rozando la mitad de la vida. Era de color pardo y mostraba al mundo unos entristecidos ojos marrones y unas orejas largas y gachas.
Una tarde paseaba por la avenida de los naranjos de frutos amargos y, al pasar por uno de los árboles, restregó su pelambrera por él. En ese momento saltó sobre su lomo una pulga. Su nombre era Nimiedad.
Nimiedad era una pulga independiente y humilde, que se las apañaba muy bien sola, no necesitaba hogar para vivir pero, al no poder evitar el choque con Plutonio, no tuvo más remedio que caer sobre él, pues si no, se hubiese dado de bruces contra el suelo que, para colmo, estaba mugriento y viscoso.
Plutonio tenía más pulgas habitando su cuerpo. No es que tuviese demasiadas, ya que Plutonio era un perro bien aseado de cuerpo y de mente, pero sí había algunas, aunque procuraba mantenerlas prudentemente alejadas de la cabeza, pues se la hacían doler el parloteo y la risa banal. Era un perro muy serio.
La reina de todas sus pulgas se llamaba Purita y era muy cariñosa y tierna. Eso sí, abusaba de hablar edulcorado y amaneramientos y siempre exigía a Plutonio que le devolviese atención por atención y la colmase de presentes.
Que un día le rascaba tras la oreja con mimo, pues al siguiente el tenía que mostrarle el perfil más lindo de una estrella; que una noche le cantaba una balada cargada de florituras, pues allá que el pobre perro había de tararearle, entre ladridos y aullidos, otra un tono más agudo de enmelada...
Plutonio estaba algo cansado de Purita, así que le dijo que se retirase una temporada a vivir en una pata, ya que él necesitaba descansar un poco en brazos de la soledad. Se encontraba algo mayor para oír y trocar tanto romance rosado por rosado romance. Así que Purita, con su cohorte de amigas, se retiró a la patita derecha por unos meses.
Fue entonces cuando Plutonio disfrutaba de esa preciada soledad, casi de índole monástica, que apareció Nimiedad y algo harto de silencios, porque era un perro que se hartaba de todo con rapidez, decidió aventurarse en la novedad que ésta prometía. Por unas semanas hasta la familia de humanos que lo acogía y amaba, percibió en sus ojos, comúnmente opacos, chispitas brillantes de tonalidades doradas…
Nimiedad, además de tozuda y fuerte, estaba acostumbrada a defenderse y cuidarse por sí misma, así que no pedía nada a Plutonio, pero éste se ofrecía gustoso, eso aseguraba, para instruirla y dotarla de conocimientos que le eran ajenos a la rural pulguita y a susurrarle versos y relatos de bella factura y delicadeza para hacerle las jornadas más amenas. Le regaló muchas cosas. Ella decía: “Yo no tengo nada que ofrecerte a cambio, soy una pulga pobre de tesoros y conocimientos”. Él replicaba: “No pido nada a cambio, los perros somos altruistas y yo he de hacer honor a mi ralea, hasta pensamos y actuamos de una manera infinitamente más humana que los propios humanos…”
Así que, agradecida y crédula, la pulga aceptó tan hermoso presente.
Él le mostró la cara oculta de la luna, le abrió los oídos al rumor de las olas, tan variable según los vientos, le contó historias de soles lejanos y montañas altísimas, de ciudades mitológicas, ríos bendecidos y desiertos inmensos… Era un perro sabio e inteligente y había recorrido mundo, al menos un mundo muy diferente al frecuentado por Nimiedad…
Pero al cabo de unas semanas, una mañana al despertar se sintió tremendamente aburrido de la sosa compañía. Intentó alegrar la convivencia de alguna manera, le dijo, “Recítame un poema, que me los niegas, nunca me dices palabras tiernas, jamás demuestras ningún sentimiento, vives gratuitamente en mi pelaje y ni derramas una caricia sobre mí… eres seca e insensible.”. Y ella con una mueca encogía los hombros, consciente de que algo de razón si tenía Plutonio, pero sin salirle del alma remediar la monotonía que entre perro y pulga se había instalado.
Ella no era nada romántica, era silvestre y cruda, la vida la había hecho así, aunque tenía cariño para dar y, a veces, sin percatarse, lo donaba a manos llenas, se mostraba remisa a hacerlo, pues ya se lo habían despreciado tantas veces… y la edad, la experiencia, le enseñaron a arraigar fuertemente sus patitas en el hábitat donde viviera, allí donde el viento la transportase… Y a no dejarse engatusar por animales, humanos o cosas…
Y Plutonio un día se hastió de donar tiempo, hábitat y simpatías, y pensó en mandar a paseo a Nimiedad. Para colmo, Purita reclamaba regresar a sus dominios, pues llegaba el invierno y en la pata diestra hacía demasiado frío.
Estaba ya para arribar, cuando Plutonio le confesó a Nimiedad su hartazgo y la conminó a hacer un viaje a lo largo de su espina dorsal, allá hacía el territorio de sus cuartos traseros, “la separación nos beneficiará a ambos”, aseguró.
Nimiedad, la pulga que no se daba mas tampoco pedía, acepto el ofrecimiento sin rechistar y se despidió, por nada del mundo quería alterarlo. “No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti” era su lema… Así que se mudaría a vivir en la parte más alejada de la cabeza del perro, donde ni su aliento lo molestase.
En el camino, cuando daba saltitos por la alfombra mullida del pelaje de Plutonio, se cruzó con la comitiva de Purita que, con todos sus bártulos, volvía hasta el cuello, el lugar más cercano, cálido y entrañable para morar. Ella siguió su marcha y, al llegar a la cúspide del lomo, el lugar más alejado de la testa de Plutonio, de repente presintió y sintió un huracán helado que se acercaba, acompañado de una sombra alargada. Era el rabo del animal que, sin miramientos, la lanzó fuera de su cuerpo y, sin mirar atrás, comenzó a caminar a medio trote alejándose, alejándose… donde las pequeñas patitas de Nimiedad jamás lo alcanzarán de nuevo.
“Menuda pulga fría y pesada”, se dijo y sin más, balanceando las orejas, dio la bienvenida a la edulcorada Purita y a su séquito.

De aquí el dicho:
“Se quedó como perro que le quitan pulgas”.
Bueno, exagero, no es de este cuento de donde viene tan sentenciosa frase, pero debe de ser de una historia parecida.

©Trini Reina

25/04/2005 08:44. #.

Relatos

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Hoy...

Mujer escribiendo.JPGHoy quise escribirte un último poema, y mis dedos, inermes, no atinan a esgrimir la pluma; mientras el alma naufraga en el tintero.

Hoy quise dedicarte un último soneto. Poner el colofón a esta infructuosa historia con unos versos supremos; mas el silencio en la garganta se ha instaurado, y la voz se quiebra antes de emanar.

Hoy quise liberarme de ti con un poema. Una postrera estrofa, la rima final, la despedida… Mas las rebeldes letras, como adolescentes enamoradas, se niegan a fluir.

Hoy pretendí dedicarte un adiós hecho poesía, y lo único que brota de mi mente son palabras de amor. Bienvenidas envueltas en versos. Parabienes con rimas azucarados.
Hoy quería irme de ti... y como siempre me he quedado…

©Trini Reina
26/04/05
26/04/2005 11:13. #.

Prosa poética

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Sembrando sueños

paz2.jpgEsperando su arribada,
le abrió todas las puertas
y destapó las cien ventanas,
las cortinas de cretona,
sobre sí mismas arremangadas,
las paredes encaladas,
reverberando a media tarde,
la ropa en el patio tendida,
oreándose a compás del aire.
Al descubierto el corazón
latiendo a son de sangre y fuego.
El alma desnuda, tocada de níveo velo.

Apareció plantando flores,
sembrador de sueños con semillas preñadas;
orondas de dichas, de bondades insufladas.
Clarificando madrugadas,
iluminó de colores las estancia,
perfumando los sentidos
con millones de fragancias.

Y llegó para quedarse,
jardinero cultivando gracias,
colmando los espíritus
de cuantos en él se miraban.
27/04/2005 18:19. #.

Oreando prosas y versos

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En la sombra del alma

Mujer sentada en reloj.JPGCuando suspiras desde el fondo de la garganta un “te amo” y tan caras palabras las arrastra el viento.
Cuando el ser amado se niega al volcán candente de tu entrega: que no merece.
Cuando susurras ámame y la brisa se resiste a viajar con el mensaje ya que nadie prestará honor ni atención a su canto; pues el corazón al que va predestinado permanece obstinadamente ensordecido…

Te amo… ámame… El monocorde rumor resuena desmayado, y en silencio prometes no confesar de nuevo tan hondas intenciones; mas, los oídos se mofan por la mentira que la voz derrama.
¡No volverá a suceder! Certificas rebelde, y consonantes y vocales encarcelas tras rejas de espinos. Pues sabes que, en el instante que sus oídos las capten las cercenará con la guadaña de la indiferencia y sus severos sentidos las rechazaran con altivo desprecio…
Y enmudeces los labios, los muerdes hasta que sangran con tal de que no se humillen al emitir esas letras que, en cada curva, en cada trazo, llevan una parte vital de ti… Duermes lo que sientes, y al tragar saliva, con ella empujas hacía dentro pronombre y verbo, depositándolos en el ángulo más oscuro del vientre, allá… hacía la sombra del alma… Y malherida, te repliegas a ti misma abrazada, en esa mágica postura tallada en los genes, que aún ahora, con toda la edad sobrepasada; conserva el poder del consuelo… Y al fin, con dolor comprendes que brindar amor a un ser inútil de amar es un derroche de querencias y por ello, el corazón, de impotencia se desangra…

Con la derrota asimilada; mas, aún en carne viva, recoges los destrozos como si de un puzzle se tratara y los unes con tesón y orgullo.
Mientras ruegas para que al resto de tus heridas las cicatrice el bálsamo del tiempo…

© Trini Reina
28/04/2005 18:42. #.

Prosa poética

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Al despertar

Mujer dormida Javier carmona.JPG

Se quedó sola en la sala. Su compañero, con palabras medidas, se retiró a dormir. Ella, como todas las noches, se demoró recogiendo la casa (aunque cada vez había menos que recoger). Cuando acabó, fue a asearse antes de irse a la cama.
Entró de puntillas en la alcoba y, abriendo el embozo, más por intuición que por claridad, se introdujo bajo las sábanas. La cubrió la soledad.

El hombre, vuelto de espaldas, ya dormía, o simulaba hacerlo. Ella, inmóvil, reposó con los ojos clavados en el techo. De la calle entraba un haz de luz de luna y la lámpara dibujaba su sombra en el cielo raso, semejando una gigantesca araña. En el cuadrilátero perfecto del lecho meditaba sin cambiar de postura, boca arriba.
Otras noches similares a ésta, calcadas de ésta, se abrazaba a la almohada para así sentir el calor que brindaban sus plumas, pero hoy ni ese consuelo era capaz de darse a sí misma. Había caído de lleno en una pantanosa desesperanza.

Respirando bajito, sin hacer ruido, sin llorar, pues las lágrimas, de espesas, se habían condensado hacía tiempo, con la mirada colgada de las sombras, continuó inerme analizando el futuro que le quedaba por vivir, el mucho, el poco, y su enlace férreo con la monotonía.
Ya, sin hijos que cuidar; el último partió unos meses antes añadiendo un nuevo eslabón a la cadena de su propia vida, se había marchado no sólo de la casa materna sino también de la ciudad. Quizás éste era el desencadenante del estallido de angustia que le cayó encima, así de golpe, fuerte e hiriente, sangrante. Ella, mujer activa durante muchos años, todos sus años, de repente se sintió inservible, inútil. Su existencia quedó sin alicientes, por delante sólo vislumbraba el vacío.

El hombre tosió y se removió en la cama sacándola por un instante del ensimismamiento en el que estaba hundida. Quizá él también sentía idéntica oquedad en el alma, ¿quién sabe? Ninguno de los dos quiso o supo ponerle letras al sentimiento y lanzarlo a los mutuos oídos. Se encerraron en su caparazón y se subieron al tren de los clonados días. El sueño la seguía esquivando, la mente ingobernable era un caos de pensamientos. Quiso desprenderse del lastre que la asfixiaba, mas en arenas movedizas se fue ahogando...
Se levantó y descalza salió del dormitorio, necesitaba aire para los pulmones.

Él despertó con la mañana y lo avasalló el repentino frío que en la estancia reinaba. Se cobijó y prestó atención, esperando oír a la mujer trasteando en la cocina. Aguardó a que la brisa trajese de la mano el fragante aroma del café recién hecho, hasta colarlo por las rendijas de la puerta de la alcoba. Esperó y masticó silencios. Por fin, en vilo, temeroso, se incorporó de la cama. Las sabanas semejaban un caótico manto de nieve. La llamó. Nadie respondía. La buscó por la inmensa casa, dominado por un creciente pánico. Gritó su nombre con más vehemencia, siguió llamándola, mas no obtuvo respuesta.
Con el corazón latiendo de zozobra, abrió la puerta que daba al jardín y allí la vio. Se quedó parado mirándola, amainando el martilleo en su pecho. Despacio, silencioso, se acercó a la mujer. Ella permanecía dormida, recostada en el asiento del columpio, el pelo asperjado de gotas de rocío, la cara húmeda del relente del alba, arrebujada en una manta y los pies descalzados, enrojecido por el frío.
La tomó entre sus brazos y la abrazó. En ese momento se percató de que hacía meses que no lo hacía. Entonces ella abrió los párpados y fijó su mirada en él, una mirada del color de las hojas en otoño.
- ¿Qué pasa?, ¿estás llorando?
Y él contestó:
- Es tu pelo, que desprende perlas de rocío y me ha humedecido la cara...

©Trini Reina
24/04/05

Ilustración :Javier Carmona

30/04/2005 11:03. #.

Relatos

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