De tanto amar sin recibir sustento, se rompió mi corazón, y no emitió un lamento.Ahora... Qué objeto ocupará su lugar. Ese hueco que dejó, tan difícil de rellenar.
Tal vez, una piedra roma. O, afilada, que más da, si el infortunado se desgajó, ya nada daño le ha de causar.
Acaso, un espejito, de luna anular, donde atrapado quede el dolor, que habré de soportar…
Quizá, opte por una destronada rosa, a la que nadie supo regar, y fue perdiendo pétalos, hasta desfallecida, expirar.
Un clavel de plástico, o acaso, confeccionado con percal, una azucena sin perfume, o la imperfecta perla de un collar.
Un folio inmaculado, que en el hueco de mi mano se deja arrugar. O, una carta, con falsas promesas, penosas de recordar.
Una pelota de goma, que ya no sirve para jugar, y desinflada quedó, en un rincón del desván.
Una canica de vidrio, o de madera de nogal.
Un obsoleto disco, que a nadie interesa ya, pues las canciones se rayaron de tan inútilmente sonar. Como esos versos que te ofrendé, y fingiste no escuchar.
O mejor, una madeja de lana, de esas de tricotar, la compraré de tonos rojos, aunque sea para disimular, que en esta anodina concavidad, existió un corazón, remiso a dejar de amar. Hasta que un día, los continuos desencantos, lo hicieron capitular…
©Trini Reina