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 He pasado el fin de semana conviviendo con unos amigos, en una casa rural. Como se dispone de demasiado tiempo de ocio se suele hablar de todo, o casi de todo. En una de estas conversaciones para ocupar minutos vanos, hablábamos de Fulano, un señor que ha enviudado recientemente, y al que en mi pueblo de residencia, por lo tanto también el del susodicho viudo, las malas lenguas están lapidando, como a una Maria Magdalena más. El pecado que este pobre hombre ha cometido, ha sido volver a enamorarse tras enviudar. Yo hablé a su favor ya que lo aprecio, al igual que apreciaba a Menganita (su difunta) Entonces para hacerme entender me levanté de la silla y fui a la habitación que ocupaba en la rural casa, volví con un cuaderno donde tengo algunas poesías escritas y que llevé por si me atacaba la inspiración. Tomé de nuevo asiento cerca del calor de la chimenea y comencé a leer un poema mío, titulado”No llevadme flores”. Pretendía como dice el poema, dar mi opinión particular sobre lo de que a mi entender, cuando hay que ser bueno con los que nos rodean, es mientras están vivos. Después de muertos ¿Qué más da lo que continúen realizando los que se quedan aquí? Y Fulano, durante el tiempo que vivió con su malograda esposa había sido un marido modelo, por lo tanto merecía volver a ser feliz. Tenia que continuar la cadena de la vida que lo dejaran vivir en paz. Cuando terminé de leer a mis amigos, las tres mujeres prorrumpieron en llanto. Uno de los hombres irónicamente, me preguntó si a la vejez me había dado por emular a Safo (la poetisa griega) otro me dijo que por qué no escribía de cosas más alegres como mariposillas y amapolas, y el otro no despegó la vista de la pantalla del televisor como si en ello le fuera la vida. A saber que pensaría en su fuero interno, sólo él lo sabe y acaso la pantalla televisiva. Tras leer, comencé a sentirme mal, fue como si me hubiese desnudado ante todos, mostrando mi interior, No sé que demonio me llevó a leer el poema, ante amigos de toda la vida si, pero que no tenían ni remota idea sobre mis inclinaciones literarias. Pero si sé quien lo desató. Un poderoso señor, más potente que el pudor, que la vergüenza, que la conciencia, que los fantasmas personales, que la educación recibida. Incluso más potente que el deseo y que el amor: El ego. Bien es cierto que el poema leído venia a cuento de la conversación mantenida, pero estoy segura que hubiera leído algo escrito por mí, y de lo que en lo profundo de mi misma me siento orgullosa, en cualquier otro momento del vacacional fin de semana. 03/11/2004 18:39. #. No hay comentarios. Comentar.
 Sobrepinte mis verdes ojos de verdes. Múltiples tonalidades de verdes, verdes de helechos, de acebos, de zarzas, de hayas y pinos verdes. Y la mirada saturé de dorados castaños, que parecen arder cuando en ellos la luz del sol reverbera, jugando entre las ramas y los redondos erizos que de ellas cuelgan. Las castañas dormitando, en cúpulas espinadas. Pardas, brillantes coquetas castañas. Montañas húmedas, redondeadas. Montes frondosos y fértiles preñados de savia. Y el quejido del aire que con las hojas baila. Olor a madera viva,aroma a madera serrada. Orondos troncos sacrificados para calentar el cuerpo y las entrañas. Las calles de empinadas cuestas, y las sendas empapadas de agua. Agua de lluvia,agua que emana. Fuentes de piedra,gárgolas vomitando inmaculada agua. La gente resana te atiende, te encamina, contigo se demora, y te habla. Y el tiempo retrocede, se detiene, se derrama. Se aspira vida, se respira gloria, se paladea calma. El atronador sonido del silencio, por los oídos penetra hasta el interior del alma, y vuelves a creer en todo sin necesidad de pruebas, ni de meter los dedos en las llagas. Allí en la sierra de Aracena, en Galaroza, me he sentido renacer,rebosante de salud colmada. y ahíta de bondad reciclad, he loado a mi particular Dios, y le he dado infinitas gracias, por que he podido volver a sentir,la alegría y el gozo, de lo que en verdad significa vivir. 03/11/2004 19:43. #. Hay 1 comentario.
 Cuenta mi madre que el primer día que asistí al colegio, tras dejarme instalada en el pupitre, emprendió el regreso a casa. Iba ella caminado por el largo pasillo de la escuela hacía la calle: a la derecha, las clases; a la izquierda, los servicios y la sala de profesores; y ya llegando a la salida, el despacho del director. Cuando alcanzaba el umbral del portalón que daba al exterior, oyó un grito tras ella, que rayaba el pánico. - ¡Mamá, mamá, mamá...! Se volvió asustada y me vio venir corriendo desbocada por el pasillo, con los ojos anegados en lágrimas. - Mamá, no puedes dejarme aquí. ¿No ves que yo no sé leer? A lo que la autora de mis días, sonriendo ya, contestó: - Claro, chiquilla, para eso te he traído aquí, para que te enseñen. Y eso hice: aprender a leer. Siempre sentí pasión por la lectura. Donde quiera que viese letras, ensayaba mi forma de leer: en las vayas publicitarias, en los prospectos de las medicinas, en las novelas del Oeste que leía mi abuelo, en cualquier papel impreso que caía en mis manos... Antes, cuando yo era pequeña, no había dinero para libros, a lo más que podíamos aspirar era a la Enciclopedia Álvarez, que por aquel entonces me parecía un tomo gigantesco y fantástico y que ahora que lo han reeditado, lo veo diminuto en relación con mi niñez. Aún recuerdo algunos dibujos, poemas, fábulas y moralejas de la maravillosa enciclopedia, que, al ser mi único libro, trataba como oro en paño. Ahora, con el tiempo, tengo algunos libros, no demasiados, unos trescientos; “mi biblioteca” la llamo, presumiendo de ella. En verdad me siento orgullosa de ellos y disfruto de verlos allí en la librería, tan callados cuando están cerrados, pero tan mágicos, expresivos y dicharacheros cuando los abro y comienzo la lectura. Y es que un libro me invita a soñar sin moverme de casa, sentada en una humilde silla o en el más cómodo y mullido sofá, e incluso arropada entre sábanas y edredones en mi confortable cama rodeada de cojines. Relajadamente, entre mis manos, una novela, el best seller del momento, ése que todos los amigos te recomiendan y que casi nunca cumple las expectativas creadas por la fama del boca a boca. O quizá un clásico que compré por azar, en mi afán de coleccionar (ahora que puedo) cuántos más ejemplares mejor. Un libro para mí es: una emoción, un volar sin alas y sin viento, un navegar sin barco ni agua, un caminar descalzos o con relucientes zapatitos de cristal, un vagar errante o un pasear a pasos lentos y cortos, mientras con los ojos de la mente nos bebemos cada paisaje, cada escena... Llegamos a imaginar el frío Antártico como si nos rodearan los hielos eternos o, por el contrario, sentimos que la piel se acalora al pensar en el inmenso sol implacable, como bola de fuego, del desierto del Sáhara. Por unas horas dejas de ser simple y predecible y te conviertes en un jeroglífico complejo y misterioso. Ser protagonista en muchas vidas, una vida por historia, una historia por novela leída. Convivir con fenicios y celtas, griegos, romanos y cartaginenses; admirar a Aníbal o sentir terror por Atila y su gigantesco caballo; recorrer las islas griegas con Ulises y soplarle al oído que no se olvide de Penélope, que espera, enamorada, su vuelta... Disfrutar de un libro es soñar con los ojos abiertos, curiosos, ansiosos de saber, de aprender, de conocer, de calmar la sed que todos tenemos por ser lo que no somos, ni hoy ni nunca, pero que seremos al menos por un rato. Es viajar con el aventurero, llorar con la ingenua damisela, investigar con el detective, (como un Hércules Poirot que se precie) combatir al malvado, con armas o palabras, luchar por la justicia con el justo, desear con los amantes, besar con los enamorados, penar con el moribundo. Un libro es una evasión, un respiro de nuevos aires, para las atrofiadas vidas, una odisea para la monotonía cotidiana de las realidades más aburridas... un escape de la rutina diaria. Un día puedes imaginar ser la más extravagante y misteriosa dama; otro, la más pérfida de las mujeres, una rompecorazones sin escrúpulos; la mejor amante, la mujer perpetuamente amada; la más cautivadora princesa o una gris y pobre mendiga; el ladrón, el policía, el benigno, el maligno, ángel o diablo, amo o esclavo. Todos esos e infinitamente más personajes. Uno por lectura, o dos, los que se quieran ser, cada cual elija sus preferencias dependiendo del día o del estado de ánimo. Pero eso sí, siempre, siempre, es una fantástica ilusión que mantiene viva las pasiones, las ganas de vivir y los sueños en alza. Al ser yo medianamente pobre, el mayor tesoro material que poseo son mis libros, a los que amé cuando no los tuve y a los que seguiré amando eternamente, tanto a los que tengo ahora como a los que espero poseer en un futuro. En verdad disfruto más con un libro que con cualquier fría joya u otra fruslería vana. Por lo tanto es lo que legaré a mis hijos. Espero que sepan amarlos como yo los amo. 07/11/2004 06:30. #. Hay 3 comentarios.
 Nunca he sido gran amante de los animales, digamos que me gusta ver los toros desde la barrera, los perros desde la acera opuesta, los gatos en los tejados y de las salamanquesas ni os hablo, no vaya a ser que me denunciéis a la asociación protectora de los animales. Pero desde hace un mes he conocido a “Rayito”. Rayito, es la cobaya de mi sobrina. Al estar mi hermana accidentada voy cada mañana temprano a su casa para ayudarla en las tareas, con cuidado recojo la llave que me deja en la ventana debidamente semi oculta y entro en el hogar mientras aún ella la mayoría de los días duerme. Entro en silencio directa a la cocina que es el lugar más alejado de los dormitorios, y allí empiezo a preparar el desayuno. Desde que cruzo el umbral ya comienzo a oírlo, me forma una fiesta con grititos de alegría para llamar mi atención y cuando ve que abro la puerta de la nevera, comienza a hacer ruido chocando los incisivos contra los alambres de la jaula. Es la señal, ya sé lo que debo hacer, cojo una hoja de lechuga y se la acerco, él se pone a dos patas de pie, alza la boca y jala la comida de mis manos. Os parecerá quizá una tontería, pero es el animal al que más me he acercado en mi vida, ya que siempre he sido una miedica. Pero este Rayito, durante el tiempo que estoy en casa de mi hermana me alegra la jornada. Me sorprendo a mi misma hablándole, jaleándolo, riñéndole cuando con las patas derrama la comida fuera de su jaula hasta el suelo. En verdad estoy empezando a admirar a los animales más de cerca; bueno, pero sin exagerar no pienso tomar en mis manos una serpiente Cascabel. La verdad es que Rayito, claro está, interesado por su estómago (todo hay que decirlo) demuestra más júbilo y alegría al verme que mis desagradecidos hijos. Así que me estoy replanteando seriamente comprarme una cobaya a la que donar todo el amor que me sobra y el que parece no hacerle falta a nadie. Pues nada, ea, a la tienda de animales por un “Rayito” propiamente mío, para adorarlo. 07/11/2004 13:42. #. No hay comentarios. Comentar.
 Tengo una amiga que dice que ella en cuanto sale del pueblo para un viaje, el primer árbol que divisan sus ojos ya le parece una maravilla del poder de la naturaleza. Yo soy de la misma opinión, cada vez que salgo fuera de mi localidad todo lo que veo me parece inmensamente interesante, rico, emocionante,fascinante... Pero desgraciadamente viajo poco, el presupuesto no da para grandes dispendios. Conozco poco de Sevilla, bastante menos de Andalucía y poquísimo de España. Últimamente me he propuesto salir más, ver más, eso sí, dentro de mis austeras posibilidades. Este discursito turístico viene a cuento porque ahora está de moda salir por los confines del mundo. Si queremos playas pues nada a Santo Domingo o Cancún; si queremos ver y cazar animales nada de cotos en las marismas, ni en los bosques peninsulares; a Kenia o Tanzania. Del turismo sexual ni hablo, me guardo la opinión. Siberia, Islandia,Madagascar o las islas Aleutianas. Para el caso es lo mismo, conocer países, ciudades, monumentos, culturas, todo eso está muy bien y el que pueda y quiera que lo haga, pero en verdad me parece una pena que no conozcamos lo que nos rodea, será que pensamos bueno, Toledo está cerca cualquier día podremos ir. Si, Salamanca es muy bonito, eso dicen, pero un fin de semana cualquiera iremos. Teruel, si sabemos que existe, algún puente lo visitaremos. Así podría seguir con cada una de las fantásticas ciudades que desconocemos y quizás nunca conozcamos porque preferimos contar y enseñar a los amigos los videos y las fotos de una playa idílica llena de palmeras o como nos agitamos al compás dispar del trotar de un camello en el desierto del Teneré . Eso es más moderno, más esnob, más fashion. Mi sobrina que está finalizando la carrera se ha enfadado con su madre porque esta, no le concede el permiso para que realice su viaje fin de curso. Ya que en parte por decisión de los alumnos jóvenes ellos y con ganas de aventuras, y por otro lado los profesores quizá porque ya piensen que conocen totalmente España, han decido realizar este año a Brasil. Hay un refrán que dice “La caridad comienza por uno mismo” Quizá haya que aplicárselo a muchas cosas de la vida, por ejemplo a esto de los viajes fin de curso, está bien que los adultos buscando nuevas emociones a sus ya cansadas vidas, viajen lejos del país para absorber cuantas más cosas nuevas mejor, pero pienso que a los jóvenes hay que enseñarles a disfrutar de su casa, aprender a valorar lo que tienen y a gozar con las puestas de sol, los crepúsculos, las orillas y los paisajes que en parte les pertenecen por haber tenido la inmensa fortuna de haber nacido en una zona privilegiada y bendecida por los Dioses, y una vez conocido esto, salir fuera y con criterio analizar los pros y los contras de cada nueva odisea viajera. Es mi opinión personal, tal vez por mi gran deseo de empaparme de las cosas de mi ciudad, provincia, región y país, que desgraciadamente tan poco conozco y que debido a mi edad y a mi situación económica no tendré tiempo de conocer jamás. 11/11/2004 06:16. #. Hay 2 comentarios.
 Fue como si todo lo hermoso que habitaba en el interior de la fortaleza, aterrorizado por la invasión del mortal “Ocupa”, que extendía sus horribles tentáculos sobre los aposentos y las alcobas, huyesen despavoridos a refugiarse en las afueras, tras las murallas, en esa campiña misteriosa y semidesconocida para ellos, que a veces divisaban desde los torreones, pero que en pocas ocasiones se habían aventurado a traspasar los muros y perdido el tiempo en indagar. Ellos, siempre tan etéreos e impalpables, viviendo en su castillo al abrigo de las inclemencias mundanales. Mientras el “Ocupa” colonizó el centro vital, desecándolo día a día sigilosamente, alimentándose de savia y energía. Lo bello comenzó a buscar alojamientos sin pausa en la periferia del alcázar. La brillantez se albergó en los iris, iluminándolos de mil colores y, éstos la recibieron con agasajos muchos, y parabienes todos. La bondad se instaló en el hueco de las manos, llenándolas de caricias y palmas, para alegrar a los demás generosamente los cuerpos y las almas. La alegría se asiló en los labios, que se derramaron en risas y sonrisas, regalándolas por doquier con felicidad y altruismo. La ternura, desde las almenas, vigilaba al corazón para que no tropezase en amarguras, ni cayese en rencor. Este donó a la memoria verbos y palabras hijas del amor, para que las cincelara en las ondas y los dedos los plasmasen en poesías e historias. La ilusión derrochó sueños y quimeras fantásticas y danzó un vals con la suerte ungida de azares y ceñida por guirnaldas. Todos unidos, acompañados de más colegas con las armas bien afiladas contra la malvada intrusión, lucharon, ganando batallas y entregando a la salud las coronas conquistadas. Así redujeron al “Ocupa”, todos aliados y bien pertrechados, con dosis de milagros y coraje esperanzado. Y todo volvió a ser bello en las afueras, en los interiores, en lo profundo y los contornos del palacio y sus alrededores. Como hermanos enlazados, regresaron al castillo, pero esta vez dejando el portón abierto y bajados los puentes levadizos que conducía al torreón, rebosantes de dicha y henchidos de satisfacción. 14/11/2004 20:19. #. Hay 1 comentario.
 No suelo ver demasiado la televisión. Digamos que no es Santo de mi devoción la pequeña pantalla. Esta noche ponen un partido de la selección Española, algo de lo que tampoco soy devota. Así que he tomado el periódico del día dispuesta a leerlo. Siempre comienzo a leer los diarios y las revistas e incluso algunos libros por el final. Llamadlo manía o costumbre, a vuestro antojo dejo el vocablo. Pues eso, tomo el periódico y en la contraportada leo un articulo, lo escribe Pablo Muñoz Caríñanos, y en el comenta que ha oído en la radio una encuesta que proclama que el 60% de los españoles no ven televisión basura, a lo que añade el redactor asombrado en parte , ¿Entonces como es que en los medidores de audiencia los entes televisivos anuncian muchísimos más que el mencionado 60% de telespectadores?. Y el mismo se contesta diciendo, que quizá es que nos de vergüenza confesar en público que consumimos tele-basura. Y a mi al leerlo me han venido ganas de protestar, si protesto porque en las encuestas no se habla de los que tragamos esa modalidad de bodrio televisivo sin quererlo. Reivindico a los “Telespectadores pasivos”. Si están en boga los fumadores pasivos, pues igual. A ver me explico, aunque no queramos mirar a la televisión en todas las casas algún miembro de la familia es forofo, por lo tanto la enchufa. Si tu estás allí sentada en la mesa del comedor cenando, no puedes evadirte, sopena de quedarte sin comer. Así que aunque mires al plato como si fuese la novena maravilla del mundo, tus traviesos oídos están absorbiendo toda clase de cotilleos y maldades verídicas y falsas, que consiguen se te levante el estomago de asco. Otro día vas a la peluquería mientras el peluquero te da tirones de la melena, la señora de al lado te pregunta por Fulanito, tú inocentemente preguntas -¿Quién es ese señor?- Y la vecina de secador te mira asombrada como si de repente se diera cuenta del bicho raro que está sentada junto a ella. Hija pues Fulanito es el transexual que es tan vocinglero y maligno en el programa ******. Más tarde te citas con las amigas a tomar un café te sientas en cualquier cafetería y te ocupas la mente con tus cosas (al menos yo lo hago) cuando la conversación no me gusta, de momento notas un tirón del brazo, miras saliendo de tu ensoñación y allí la amiga de turno que te dice. -¿Que digo yo, que si vistes anoche a Menganito y Zutanito, la de palabrotas que se dedicaron mutuamente?- -¿y no te diste cuenta que casi llegan a los mamporros?- Y se desternilla en hilarantes y absurdas carcajadas, mientras tú aún vuelas por Babia. Y te dices vaya por Dios, aunque no quiera no hay manera de escapar de esto, es el azote del siglo XXI. Cuando pequeña te decían que el año 2000 llegaría el fin del mundo y no es así, pero de alguna manera si es el fin de algo , de la intimidad cada vez menos apreciada y más vapuleada flagelada y vituperada. Así que los televidentes pasivos tenemos derecho al menos al pataleo, lo malo es que no hay ministerio al que denunciar porque aún no se considera enfermedad perniciosa para la salud, pero al tiempo... 18/11/2004 20:10. #. Hay 1 comentario.
 Yacía la muñeca rota, desmadejada sobre la cama, aterida de frío, las manos invalidas. Vestida con harapientas prendas, miserable tiritaba, ardua tarea era cubrirse con las pobres frazadas. Sintiéndose morir, instó evadirse a su alma, lejos de esa fosa de penumbras ocupada, y con un generoso suspiro la expulsó; libertándola. Por una rendija de la celosía logró salir la desterrada, tras luchar con pesadas cortinas en damascos bordadas. Batiendo alas emprendió el vuelo, por un rayito de sol acompañada. Este le calentó el exterior y por dentro derritió su escarcha. Se colmó el espíritu los ojitos, de doradas estampas, atesoró en su corazoncillo encendidas alboradas. Absorbiendo el olor del mar se ocupo los sentidos, de melódicas caracolas y perlas de nácar. A un cometa le pidió la estela, y como bruja en escoba retornó a la alcoba, de hielo decorada. La soledad sin asomo de piedad, saciaba la estancia. A la muñequita, sumergida en ella, un hálito de vida le restaba. Por los cristalinos ojos penetró la fiel ánima cargada; con arrobas de polvo de lunas, millones de azahares en guirnaldas, toneladas de sonrisas de niños, en pomos concentradas, los derramó en el seno de la marioneta, insuflándole vida al corazón y, soldando sus heridas, resanó a la muñeca rota, con susurros de amor. |