
Ayer sufrimos un apagón en mi barrio, justo a la hora de la cena se fue la luz. Seguramente propiciado por tanto aparato de calefacción funcionando al mismo tiempo para combatir el tremendo frío que estamos padeciendo en Sevilla estos días, bueno y en toda España pero mi ciudad está preparada para los cuarenta grados en verano, no para esta ola de aire siberiano que nos deja tan inertes como a reptiles hibernando.
Los niños que tragaban deprisa para volver a sus habitaciones rápidamente, gritaron al unísono, uno había dejado en modo pause la videoconsola, la otra el ordenador descargando música. Los dos temían que el apagón destrozara sus cacharros.
Nunca se encuentran las velas cuando las necesitas. Un día se va la luz y te dices aquí las guardo para la próxima vez, mas llega ese día y lo has olvidado.
Ya los tres, mi marido brillaba por su ausencia, sentados a la mesa, nos pusimos a charlar, cosa que cuando la televisión funciona, es difícil que suceda.
Les conté a mis hijos que cuando yo era pequeña y faltaba el fluido eléctrico, cosa que sucedía bastante a menudo en aquellos tiempos, mi hermana y yo solíamos cantar un soniquete monocorde que destrozaba los nervios de mi madre. Qué venga la luz, que venga la luz, que venga la luz...
Así hasta que la luz refulgía de nuevo o mi madre desesperada nos daba una colleja a ambas.
Mi hija, al oír la historia me dijo
– Anda mamá no te prives, canta, a ver si Sevillana Endesa te oye y nos arregla esto.
Y claro a mí que cantar me gusta más que escribir y hablar, me puse a hacerlo, a lo que mis hijos asombrados, no tuvieron más remedio que admitir que su madre estaba definitivamente loca.
En eso que volvió la luz y los tres terminando ya la cena comenzamos a aplaudir como críos.
Por temor a un nuevo apagón no volvieron a conectar ordenador y videoconsola en sus respectivas habitaciones, así que los tres nos sentamos cómodamente en el sofá a charlar y mirar la tele. Hasta que una hora después nos fuimos a la cama, momento que eligió mi marido para hacer acto de presencia y preguntar: ¿Qué habéis hecho con las velas, se ha ido la luz?
¡Qué preguntas tiene este hombre!...