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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2005.

Yo y mi soledad...

Yo y mi soledad hace tiempo que firmamos una alianza de no agresión: testigos fueron su malasombra y mi hastío.

Ella hizo voto de no tiranizarme con su insidia. Y yo, me comprometí a no dejarme balancear al alcance de sus zarpas.

De vez en cuando, me dejo arrastrar hacía su recóndito silencio y ella, leal, me zarandea recordándome nuestro convenio.

Otras, es ella, olvidadiza, quien se cuela por las rendijas de mis puertas; viscosa y muda, y yo, para que no me seduzca le cierro todos mis recovecos.

Cuando en mis alrededores la algarabía hiere mis apetencias de sosiego, la reclamo, y ella a mí acude engalanada de gris. Y entonces yo, cansada, me dejo acariciar por sus arrulladoras manos…

Pero, cuando sin requerirla aparece de negro paño vestida, antes de que macule mí alma; extraigo de mi seno el pacto sellado, y le recuerdo su compromiso; y aunque ella se empecine, y pretenda quedarse en mis estancias más de lo legalmente autorizado, yo me armo de voluntad y la desdeño.

Mi soledad y yo… Llevamos años gozando de una tolerable coexistencia.

Trini Reina

01/08/2005 18:41. #.

NiRosasNilLirios

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Quizás

Quizá tú seas mi particular sirena, pues me fustigas con tu canto insinuante, y yo, indefenso, termino naufragando en la playa de tu cuerpo; como un poseso en pos de una quimera.

Quizá seas tú la reencarnación de mis pasiones. Apareces y tu mera presencia enaltece mis sentidos; basta una mirada tuya para que mi vientre prenda llamas.
Tú eres mi droga, y yo, despacio, sin apenas percibirlo, me he convertido en adicto al veneno que tu piel irradia.

Tal vez el diablo te creó para tentarme y yo me vuelvo barro a los designios de tus caprichos. O acaso fue un ángel sin espada quien te cruzó en mi destino para que así tutelases mis caídas…

Quizás seas el remanso donde este hombre acude a liberarse de sus profusas inquietudes.
Porque tú lideras la energía que me extrae de mi submundo. Contigo pierden espesor mis pesadillas.

Quizá llegó la hora de que mi rígida conciencia acate que, en el vergel de mi corazón ha florecido el rosal de la certeza; mientras, se marchitaba el arbusto de los acaso…

©Trini Reina
03/08/2005 18:38. #.

Prosa poética

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Diana...

corazones2.jpg
Diana a quién asignadas van todas las flechas. Imperceptibles dardos que al fundirse forman un rejón que vuela directo al costado horadando profundas heridas…
Agujeros negros en el alma; tan negros como unas pupilas que lo han visto todo…

Trini Reina
05/08/2005 23:40. #.

Avenates

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Una tarde para la amistad

Azahares.JPG
Irónicamente, y para quitar hierro al asunto, a los asuntos, suelo llamar a mis problemas rutinarios “Historias para no dormir”. Esta semana que al fin termina, loado sea Dios, he padecido varias de estas historias en mi deambular cotidiano por mi, a pesar de todo, simplona vida.
En la jornada del jueves una de las “crisis” llegó a su apogeo para mi desespero.

Así que andaba yo intentando romper el pacto con mi soledad y lanzarme a ronronear entre sus brazos buscando consuelo, cuándo la música de mi móvil me paró las tijeras. Me tiré de la cama desprendiéndome momentáneamente de mis miserias y corrí a atenderlo. En estas que una voz cantarina y alegre me iluminó los alrededores...

Es curioso el poder de una ilusión, en este caso se trocó en mi mente el hastío de mis contrariedades por la alegría y la emoción de conocer personalmente a Darilea.

Darilea, muchos de ustedes la conocéis, si no, la podéis encontrar en mis enlaces, me comunicó que estaba pasando unos días en un pueblo de la provincia de Sevilla, así que nos citamos para vernos por fin…
Ayer nos encontramos, ambas con el marido puesto, en un gran centro comercial colindante con mi pueblo.

En una tarde de agosto con 40º centígrados a la sombra, los grandes almacenes son de los pocos lugares donde nos atrevemos a salir los lugareños, conocedores a fondo de “la caló”, pues estos están dotados de aire acondicionado y allí, amparados por el fresquito se puede uno citar sin riesgo a quedar deshidratados paseando por las calles achicharradas.
En una hermosa cafetería nos sentamos los cuatro ante nuestros respectivos cafés, y departimos amigablemente, cómo si nos conociésemos de toda la vida.

A Darilea ya la quería yo cuándo paseaba por su página y me deleitaba con lo que leía o, cuándo nos escribíamos correos electrónicos personales y nos contábamos algunas cuitas. Es una mujer fácil de querer. Pero ayer, allí junto a ella, observando su sincera sonrisa y sus naturales ademanes, aún la quise más si cabe; hasta el punto que mientras salíamos del centro, y ya a las puertas de este, nos despedimos varias veces para a continuación entre risas seguir charlando, y es que a mí al menos, y creo que a ella también, incluso a los maridos contagiados por el buen momento pasado, nos costó bastante despedirnos.

Quedamos en volver a vernos, quizá para primavera, porque Sevilla siempre es bella; pero el mejor momento para visitarla es al estallar la primavera. Abril y mayo son los meses idóneos para pasear por ella; impregnados del olor de los azahares y con la mirada desbordada por sus incontables tonalidades y colores.

Así que sólo puedo decir que me quedé con una placentera sensación y muchas ganas de repetir la experiencia. Y es que resulta maravilloso comunicarse con gente tan sencilla y real.
Un beso a los dos. Gracias por vuestro cariño amigos.
06/08/2005 19:26. #.

Vivires

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Otro tiempo...

Hubo un tiempo en que tu inquietud se fundía con la tristeza mía, y ambas, de la mano, se ofrendaban consuelos. Hasta que la felicidad irrumpió en tus pesares atenuándolos; mientras, en mis periferias, se acrecentaban los míos.

Hubo un tiempo en que una expresión tuya bastaba para prender la sonrisa mía, y mis labios para ti poseían el sabor del dulce vino. Hasta que la dicha te poseyó con su celeste alegría; y toda la calidez de mi boca a ti te supo a hielo.

Hubo un tiempo en que bajo tu sol, yo me resguardaba del infortunio, y tú, reflejándote en mi luna de estrellas te adornabas. Hasta que tu sol roló sobre su eje y fue atisbando el horizonte que tus rayos preferían. Entonces, mi luna menguó hasta eclipsarse y perderse en el negror del infinito.

Hubo un tiempo en que mis pulmones, de tu pecho, el aire inspiraban, y nuestros corazones, al unísono, cuando se presentían palpitaban. Hasta que desviaste tu rumbo, consolidado; y en mis venas sucumbieron los latidos.

Hubo un tiempo en que tu mente, acaso insatisfecha, al son de mi armonía se halagaba, por eso para ti modulé todas mis canciones. Hasta que otra voz despertó de su indiferencia, y en ella, descubriste el tono que tus sentidos codiciaban. Entonces yo, negué el azúcar a mis palabras y amargas las bajé por la garganta.

Hubo un tiempo en que yo por ti sobrevivía, y tú, entre mis brazos de tus tedios desertabas. Hasta que un atardecer te marchaste persiguiendo el resplandor de un lucero. Y yo, sin luz, sin aire, sin cómplice en que apoyarme; me derrumbé, y a mis pies surgió la fosa de la ausencia.

Hubo un tiempo…
Pero todo lo que nace restringido finiquita.
Ahora tú navegas mar adentro y yo, aún agonizante, peregrino por la orilla.

©Trini Reina
09/08/2005 08:31. #.

Prosa poética

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Recuerdos de Conil...

Gaviotas.JPG
La playa, de extensa, se pierde en la lejanía. Sus arenas son doradas, y cuándo baja la marea, desde los acantilados que en muchos términos la delimita, se revelan bellas y coquetas calas. Unos altos murallones de arena forman la barrera entre la masa de agua y tierra adentro. El furioso beso de las olas unido al transitar del tiempo, ha abierto en las paredes de areniscas, unas superficiales cavernas que, al mirarlas, te retraen a tiempos remotos. La arena es fina y suave, si tomas un puñado entre las manos, raudamente se escapa y vuelve a su lugar de origen. Conchas nacaradas de varios tamaños, diminutos caparazones de caracolillos y unas piedrecillas pulidas por acción del agua, de múltiples colores: canela, blanco, negro y marfil; decoran ese marinero suelo.

Y frente a la playa, el océano, inmenso, grandioso, que según el cielo que esa jornada asome a mirarse en el, se transformará. Pasando por toda la gama de azules y grises. Y dependiendo de los caprichos del rolar del viento, se mostrará dócil o fiero. Agitará sus aguas hasta fabricar salina espuma, o se dejará acunar entre los brazos del calmoso aire; despreocupadamente.

En aquel tiempo, ahora se cumplen dos años, el cielo pintaba de un azul perfecto y el viento de levante, tan común y brioso en esas latitudes, se había adormecido.
Por lo tanto, en los cuatro días que allí residió nuestra amiga, sólo la timorata brisa besaba su cara, entibiaba su cuerpo, se enredaba con su pelo ¡Ay su pelo!...

Esas insuficientes jornadas las dedicó a hacer las paces con ella misma. Con ella, y con su hado que, le había deparado una cruel sorpresa para la que no estaba preparada…
¿Y quién está preparado para la malignidad? Nadie, por eso vivimos medianamente felices. Si estuviésemos a todas horas obsesionados con lo que nos destinará el futuro; agonizaríamos de incertidumbre y temor.

Se levantaba al alba, siempre la agobiaron las habitaciones de hotel, sólo las usa para dormir y asearse. Así que en cuánto amanecía, en silencio se vestía, y con las zapatillas en la mano y la respiración a cámara lenta; fácilmente se puede decir que huía de la alcoba.
Bajaba por una escalera bastante larga, desde el malecón donde el hotel estaba ubicado, hasta la rasa playa, y una vez allí comenzaba su andadura por ella.
En la mano derecha las zapatillas, en la izquierda su anhelada soledad…

A esa hora, cuando el sol aún bosteza encorajinado por haber sido expulsado de su cama, la playa estaba prácticamente desértica. Alguna señora, pasada la madurez; caminando. Y algún hombre, sobrado de kilos; corriendo, eran las únicas almas vivientes. Ellos y las gaviotas que sin espantarse por la inusual compañía la seguían mientras, picoteaban en la arena buscando alimentos. A nuestra amiga le hacía gracia, le provocaba una sencilla sonrisa observar las huellas que dejaban sus pequeñas colegas marcadas en el terreno; semejaban diminutos tridentes.

En sus paseos desmenuzaba su pasado. El presente inmediato ni lo rozaba, carecía de importancia, sólo existía para gozarse en lo que buenamente se realizara. Pero el futuro…El futuro se presentaba oscuro y tenebroso y requería un gran esfuerzo trasladar sus cavilaciones hasta el. Tenía que armarse para afrontarlo de la manera más digna para ella, y la menos traumática para sus contornos.

De vez en cuando el aleteo de una gaviota la sacaba del ostracismo donde andaba imbuida y continuaba su vagar.
Allá en el cielo, el sol, ya se había quitado las legañas y comenzaba con brío su trabajo.
Ella se sintió cansada y se sentó en la arena húmeda de rocío. Así, mentalizándose, arremetió con su mirada hacía el mar que la retaba… Y allí la clavó.

Siempre vio a Dios en la naturaleza, en las cosas bellas cargadas de misterio. El misterio de cómo, cuándo, por quién y por qué, fueron creadas.
Lo veía en el astro rey, durante el orto y el ocaso. En la dama luna y todas sus fases. En los ríos, tan tornadizos desde el nacimiento a la desembocadura. En las cordilleras y montañas, esos colosos cargados de poderío y magia. En los bosques y los desiertos. En la primera sonrisa de un niño y en la risa parca de un anciano…
Pero sobre todo lo veía en el mar. Lo rebuscaba en el mar.

Durante esas auroras le habló al mar, le contó sus miedos, sus esperanzas, su fe y su terror. Y le suplicó fuerza. Sobre todo; valentía y fuerza. Y tras esa oración humilde, una ola le rozó los pies, anunciándole que la marea reclamaba su espacio, y ese gesto, para ella, fue el beso bendecido de Dios…

Entonces, le prometió a cambio que no se dejaría vencer, que atesoraría esa potencia y la administraría, empleándola en todas y cada una de las batallas que tendría que librar. No estaba segura sí la guerra duraría meses e incluso años. No conocía el terreno a conquistar. Ni cuánto tiempo tardaría en vencer al vil ocupa. ¿Cuántas cosas personales y materiales perdería en esa ofensiva particular?... Pero le prometió a Él, al mar, y por ende a ella misma que saldría victoriosa.

En esas horas, frente al mar, se reconcilió con todo: el destino, el infortunio, el pasado, el presente y el porvenir que la aguardaba al regresar.
Se atiborró mentalmente de energías, de fuerza vital. Se vistió con el sobretodo de la conformidad, y con todo eso mezclado, ungió de paz a su espíritu.
Cargó sus alforjas de alegría y en su boca, con hilos de seda bordó una sonrisa que nunca, ni en los peores días de la oscuridad, desapareció del todo. En definitiva, en esas escasas fechas de ocio y recogimiento, mientras oía el rugido del mar y aspiraba su singular aroma, dispuso la mejor estrategia para vencer al mal que, agazapado la invadía…

Ahora que han pasado casi tres años de esta historia, mí amiga, nuestra amiga, sinceramente cree que, aunque deba de librar aún alguna que otra escaramuza, lo peor de la ofensiva ha terminado.

Trini Reina

Un amigo me habla de que hará un viaje a Conil de la Frontera(Cádiz). Esto me ha hecho sacar de mi cofre de letras este relato que escribí justo ahora hace un año. Fue casi lo primero que tracé y nunca lo publiqué porque me pareció algo triste para el lector. Por eso ahora, con el turno en pasado, no quiero que lo leáis en plan doliente, sino como algo dulce y esperanzador… Y todo lo que está dotado de esperanzas, con el tiempo se torna alegre.
11/08/2005 16:33. #.

Relatos

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La dama nívea

damanivea.JPG

Desde el rojizo tejado, donde me amparo del relente nocturno, observo allá abajo el parque en que habito.

Soy un ave, concretamente una paloma, no una zorita, ni torcal, simplemente una paloma domestica de las miles que a diario sobrevolamos las plazas y los jardines urbanos, picoteando, como mendigas, granos de alimento en las manos de los niños.

En el ambiente se huele el cambio del tiempo, la luna camina rodeada de una escolta nebulosa que, desde este observatorio, me hace verla borrosa. El aire llega de poniente, lloverá al amanecer. Ya va siendo hora, el verano se ha alargado en demasía, agostando la flora del parque. Por el oeste se despereza el día y, como barrunté, el cielo se muestra de nubes rebosado. Caen las primeras gotas; las escucho repicar en las tejas del palacete. Además, el olor a tierra mojada es un gozo para el espíritu. Aquí, en mi refugio, no importuna el agua, pero la humedad hace doler mis viejos huesos. Las hojas realizan su último vuelo y en el suelo las dunas de hojarasca crujen en un postrer estertor, antes de ser barridas por el viento o aspiradas por las máquinas del jardinero.

Desde el privilegiado espacio que me concede la altura, dejo errar mi mirada por lo que me rodea. No está la mañana para planear por la ciudad curioseando. Desde aquí diviso la diadema pétrea que corona la testa de “La dama nívea”.

Quiero relataros una historia que acaeció en este oasis del centro de la urbe hace algunos años, cuando yo aún era una joven y locuaz paloma y el mundo se veía de un azul esplendoroso, incluso en los días como el de hoy, en que arrecia la lluvia.

En el centro de la plaza se ubicaba la glorieta, circundada por un parterre de rosas rojas y blancas. Una grada de azulejos vidriados divide el círculo, de cuyo centro surgía el pedestal de granito donde se aposentaba la esfinge de un coloso, con toda su envergadura. Desde allí dominaba el paisaje, altanero y elato y, se dejaba adorar por los viandantes que a diario pasaban junto a el. En la altura que le brindaba su atalaya los miraba con menosprecio, seguro del poder que creía poseer, al ser admirado durante tantos años, por multitud de ciudadanos. Los niños, a su alrededor jugaban o montaban en bicicleta, vigilados de cerca por sus madres o niñeras, que parloteaban unas con otras hasta que terminaban las horas de juego. Los ancianos a sus pies aprovechaban el calor del sol, descansando en los peldaños que acceden al basamento. Allí, como siempre, comentaban sus avatares cotidianos, manidos ya por el repetitivo catálogo de sus predecibles rutinas. Ya en las tardes. Casi dibujado el crepúsculo, los adolescentes tomaban posesión del parque. En los contornos del monumento se citaban para reunidos charlar. Aunque lo que más practicaban es esa costumbre de beber todos de la misma botella o pasarse unas veces el cigarrillo otras el canuto, de unos labios a otros sin el menor escrúpulo. Los enamorados tomados de las manos se besaban calenturientos, sin asomo de pudor, indiferentes a cuantos les rodeaba, ajenos a esos ojos metalizados, que desde lugar privilegiado los observaban fijamente con una gran dosis de envidia. Esta escena se repetía en el jardín, día tras día, en la rueda de las estaciones, con escasas variantes en el panorama y sus moradores.

Una muchacha solitaria llegó una tarde al parquecillo en el espacio que menos frecuentado estaba: las horas que trascurren desde el almuerzo hasta la vespertina hora del café. En ese rato la plaza quedaba semi vacía: un solitario transeúnte despistado o algún obrero que trabajaba en las cercanías y venía a comer su bocadillo relajadamente, sentado en un banco, resguardado a la sombra de un frondoso árbol. La flamante visitante del parque era una desconocida, ningún lugareño la había visto antes por aquellos lares, ya que, de haber sido así, no habría pasado desapercibida, pues una belleza como esa, nunca deja indiferente a quién la admira. Nadie conocía su nombre, mas se llamaba Pandora.

Todo el afán de la chica consistía en caminar circundando la escultura. Después reposaba a sus pies mirándola, sin hablar jamás con nadie de los que por allí pululaban. Desde hacía unos meses, diariamente recorría el mismo trayecto y realizaba idénticas acciones, siempre cerca del coloso y, como si de un dios se tratase, lo idolatraba. Era tan hermoso, tan reluciente... Se veía allí arriba terriblemente solo, inalcanzable, desamparado. Cada jornada lo adoraba más. Se abrigaba con el calor que la figura emitía; un calor falsificado, ya que este se limitaba a reverberar los rayos de sol que chocaban contra el bronce con que estaba fabricado. Ilusa, Pandora pensaba que la poderosa imagen le regalaba su calidez a ella en exclusividad. Que sólo refulgía en su honor. Cuán equivocada estaba. Desde abajo le clava sus negros ojos, mirando arrebolada hacia su ídolo amado. Le relataba sus pesares, la soledad en que vivía en esa patria inexplorada, la añoranza de su tierra, sus cuitas y desvelos, su naciente amor hacia él… La mente inocente de Pandora creó un ficticio mundo de sueños, en los que ella era predilecta y especial para el prócer dorado. Él era su príncipe poderoso y bello y de ella, humilde e insulsa, había quedado prendado. La incauta, poco a poco, entre tanto oneirismo, fue perdiendo la cordura, mas, pensaba que los locos eran los demás. Como esos niños crueles, de sonrisas desdentadas, en caras de querubines, que se burlaban de Pandora, mofándose de sus excentricidades y rarezas, mientras los padres, permisivos, aplaudían las gracias de sus infantes.

El coloso, entre tanto, coqueteaba con todo lo que atinara a observarlo, mostrándose cada vez más orgulloso y engreído. Flirteaba con las palomas, halagándoles la blancura de sus alas, reía con las golondrinas que en su mano anidaban, besaba a la lluvia cantarina que lo purificaba en otoño, arrastrando con ella el polvo acumulado durante el seco estío. Adulaba al sol para que gratuitamente lo bronceara e instaba a la luna a acicalarse en el brillo metalizado de su cuerpo como si en un espejo se reflejara.

Pandora, noche tras noche, fue languideciendo, entre celos, indiferencias y desaires. Pero negaba la evidencia y perdonaba a su enamorado mil desdenes. Mas eso no la eximia de marchitarse, ansiando la atención del ingrato.

Un día, una nube oscura y mandona que el paisaje celaba, se apiadó de Pandora, que, de tanto amar sin ser correspondida, durante el duelo perdió el color y el lustre de su semblante. Tocando arrebato la nube convocó a sus camaradas y todas al unísono formaron una tempestad repleta de venganzas. Encorajinadas invocaron la presencia de los elementos: el viento del norte, con su aliento helado, la lluvia con su azote de nueve colas, los truenos coléricos repletos de furor, los relámpagos clamando la soberanía del cielo sobre la tierra. Todos juntos una renegrida noche, el infierno desataron sobre el solitario parque. La orquesta de luces y sonidos se volvió ingobernable.

Tras horas de abatirse en desconcierto sobre el vergel, la paz retornó a la plaza. Al rayar la aurora, un destello de sol comenzó a fulgir y aceleró la huida de las plomizas nubes que restaban. Ya con la luz despertando al día, se percibió el desastre que la naturaleza enfurecida había ocasionado. Todos observaron como el poderoso coloso en el suelo yacía, malherido y roto, ni un asomo de lo que fue. Hasta el matiz dorado se había desprendido, despojándolo de su estofa.

Días después, los funcionarios municipales tras reparar los desperfectos, colocaron sobre la peana una nueva esfinge, esta vez un cuerpo de mujer vestida de mármol níveo.

A Pandora nunca más se la vio por aquellos parajes. Quizá la envolvió el viento entre sus helados brazos y la devolvió a su tierra. Aunque algún abuelo miope, al alzar la vista al cielo con ojos brumosos y mente senil, fantasea con los ojos de alabastro, asegura que tienen la misma mirada de aquella chica desconocida que hace un tiempo visitaba el parque y de la que nunca más se supo por aquella ciudad. Desde entonces rebautizaron el parque y ahora lo llaman el jardín de “La dama nívea”.


Como todos los ídolos,
por mucha purpurina que se unten
suelen terminar embarrados.
De nada sirve el orgullo,
ni mirar a la gente de soslayo,
al final un simple viento
en su merecido lugar los deja destronados.
©Trini Reina

13/08/2005 11:07. #.

Relatos

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Jugando al amor

Cinco reflejan los dados. Y avanzas cinco peldaños en la escala que a mi corazón te acerca. Allí te plantas y castigado por la incertidumbre tu cuerpo tiembla. Ni inicias otra ronda, ni huyes derrotado.
Dudas...

Con el circular del tiempo algo se estremece en tu ser: un destello de ternura, un brusco deseo, un capricho o un pecado te impulsan a arriesgarte y con ímpetu reanudas el torneo.

Lanzas, y añades cuatro puntos más a tu renta, y tus pies, impacientes, se elevan otros tantos en la escalera. Ya con las manos casi prendes mis arterias, y seducido, te cuelgas de la pasión balanceado.

Mas, al punto de salvar la meta y entre vítores conquistar mis recintos triunfando. Cuándo ya tu aroma me anega y mi alma jubilosa se frota de deleite las manos: un ráfaga de aire frío, unas garras de aliento helado; te empujan y despiden tres peldaños más abajo.

…Y vuelta a iniciar el juego, reparto de reglas, fichas, y visados, el encuentro continúa contigo y conmigo unos grados más embrollados.

Sumas de nuevo, y con la yema del índice agasajas mi costado… Mas recaes en la indecisión y sin advertencia retrocedes seis casillas de golpe y porrazo; dejándome en la huída, entre ventrículos, un puñal cruzado.

Ya me faltan fuerzas, perdió el interés este pasatiempo de amor y desamor terciados… En este nulo tablero todas mis indulgencias claudicaron.
Renuncio al juego. Que envejezca el damero en su urna arrinconado. Y mi corazón que en paz repose sin turbaciones anestesiado.


©Trini Reina
16/08/2005 12:02. #.

Prosa poética

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Absurdos

langostino3.JPGHay días que se destacan por sus hechos repetitivos. Será casualidad; pero desde que amanece hasta que te acuestas, durante la jornada se repite un hecho concreto. Yo los suelo “bautizar”…

El día Teléfono…
Desde que despiertas, el dichoso aparatito no deja de sonar. Qué sí una encuesta. Que sí ¡enhorabuena ha sido agraciada!... Qué si el de Wanadoo para que cambie de compañía(a ver sí me devuelven las facturas que me cobraron de más)…Y de paso toda la familia que se habrá puesto de acuerdo, digo yo…

El día Médicos…
Ahí te pierdes, sabes la hora en que tienes la cita; pero, jamás acertarás a la hora que entras en la consulta, así que te puedes llevar allí la merienda y todo. Luego que sí te envía a hacerte unos análisis, qué sí ya que estás una radiografía no estará demás…Después que si vas a la farmacia… o te encuentras por la calle a una amiga y te relata sus historial médico (que todos tenemos) no sólo yo…

También el día Visitas.
Todo el santo día el timbre de la puerta sonando, y tú, de portera perpetua recibiendo y despidiendo. A la vecina, a tu madre, o al de la empresa de Seguros, que por fin desesperada, has dejado pasar a tu domicilio para que te discuta lo que quiera, ya que sabes que nunca te convencerá de crearte uno, menuda cabezona soy yo para eso…

Bueno pues hoy ha sido el día de los absurdos.
Me ha pasado una cosa de esas que creemos sólo suceden en los programas televisivos. Esas bromas que a todo el mundo hace gracia menos al protagonista, pensé que eso era lo que ocurría y miré a todos lados con la boca abierta buscando la cámara oculta.
La escena… Un chico, sentado en un carrito de ruedas, que sé que no necesita pues estoy harta de verlo pedir limosna en la puerta del Supermercado casi a diario, y tiene las piernas perfectamente sanas. Con sus ojos negros y la sonrisa desdentada me miraba. Moreno, de unos treinta años, bien parecido. Ahí en su carro sentado, que para eso se lo ha encontrado en la basura. En la mano una bolsa con algo dentro y entre sus dedos balanceaba a un langostino, el cual me mostraba mientras, yo introducía la moneda pertinente en el carrito.
- Me compras de “esto”
Me preguntaba gritando con un acento extranjero; pero, en mi idioma. Y repetía insistente
- Me compras de “esto” ahí, ahí, rogaba, señalando al interior del Súper.
¡Jope! es la primera vez que me mendigan langostinos. Ya no unas monedas, o una barra de pan con chorizo para matar el hambre, sino langostinos, algo que yo sólo consumo en Navidades o en algún aniversario…. Absurdo.
Miré a todos lados y vi que no surgía de detrás de un coche ningún reportero dicharachero micrófono en mano, así que, sacudiendo a derecha e izquierda la cabeza para despejarme de mi incredulidad pasé a hacer la compra…

Al rato, caminando por mi pueblo, un operario que instalaba las guirnaldas de bombillas para decorar las calles para las Fiestas de septiembre, va y me dice, haciéndose a un lado y dejándome paso galantemente,
- Pase por aquí joven…
¡Dios! ese hombre necesita una bombilla en el centro de su frente ¿No se da cuenta que está cegatón, o es que ha comenzado la Feria antes de fecha por su cuenta? absurdo…
Y me han contado problemas e intimidades sin yo preguntar. Así sin más, me he parado cortés a saludar y se me han confesado, allí en plena calle, gente que por lo general es bastante introvertida; absurdo.
Y no termina ahí la cosa…Pero no quiero extenderme más porque sería absurdo...
Así que al día de hoy lo he nombrado “Absurdo”.
19/08/2005 21:34. #.

Al son de mi mirada

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Cómplices

en la playa.JPG
Cómplices. En los amaneceres de azules matices y en los crepúsculos malvas. Cómplices difuminando las tinieblas de los densos días. Cómplices, siempre cómplices; incluso en las largas ausencias.

Cómplices en las sobrecargadas rutinas y en las livianas aventuras de los días en común y los años aunados. Cómplices en esta historia que, de ilusiones y esfuerzos, en nuestra intima acuarela vamos esbozando.

Cómplices en las risas, que, por sí solas, se desatan cuando, a solas, frente a frente, nos miramos con el deseo brillando en los ojos y las ganas derramándose en las manos.

Cómplices de corazón desnudo, de alma y cuerpo entregados, de pudores e impudicias, de tiernas caricias y besos apasionados.

Cómplices en las lágrimas, que secas a besos si me encuentras llorando. Cómplices en las desilusiones, las alegrías y los ratos amargos; que, a medias, pesan menos y bastante menos se tarda en endulzarlos. Cómplices en este reñido amor de cumbres y tajos.

Cómplices de acuerdos y divergencias, de pactos de concordia y miradas de soslayo. Cómplices, a pesar de que, a veces, por ajenas tristezas, en aceras distintas nuestros pasos marcamos. Mas, un leve gesto, una palabra dulce, un perdón suspirado, nos vuelve al presente y en un cómplice abrazo desembocamos.

Atados por invisibles lazos, cómplices nos nombró el destino y al azar es inútil desafiarlo.

Trini Reina
23/08/2005 07:51. #.

Prosa poética

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...Mañana

...Y el sol se pone enlutando aún más a las sombras; volviéndolas visibles a los alucinados iris.

La noche desciende prendiendo mezquinamente alguna difusa estrella. Los claroscuros permiten ver de cerca a los espectros, que, tras las esquinas, celan mis cansinos pasos.
La luna asoma menguada, vestida de un halo nebuloso y rematada de tinieblas; a juego con mi espíritu.

Allá en la distancia, avanzando descalza, despacio, se acerca la Nada, y con los brazos extendidos se muestra dispuesta a ocuparme.

Mis párpados se humillan bajando sus frágiles doseles, así mi cuerpo sabio escudándose en el sueño espera eludir al tedio que lo amenaza. Y entregando sus armas a Morfeo, esquiva otro día más al insidioso vacío que no ceja de rondarlo.

...Mañana, tal vez el sol se exhibirá sonriendo en la alborada, y extendiendo sus rayos sobre mi piel desecará el desánimo húmedo y denso que la abruma. Pero eso será mañana. Tal vez mañana.

Trini Reina
26/08/2005 08:52. #.

Poemas

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Insurrección

Estoy cansada de poner buen perfil al mal tiempo. De sonreír sempiternamente a las afueras. De encender cada nueva alborada las luces de mi fachada, cuando apenas la llama de una vela alumbra mis adentros.

Estoy agotada de disfrazar mis desalientos. De rellenar con humo mis vacíos. De plantarle férrea cara al huraño destino. De lidiar, huérfana de armas, contra este ejército de potentes sombras que me violentan.

Y quiero exigir mis derechos.

Exijo poder llorar a mi capricho sin que nadie me instale en los ojos un pañuelo para amordazar mis lágrimas. Exijo la plena libertad para revolcarme en mis miserias; para regodearme en mis dolores.
Exijo la paz para esta ofensiva de contratiempos.

Exijo mi derecho a derrumbarme, estoy hastiada de tener que mostrar firmeza ante los elementos que me azotan. Por una vez, hoy, quiero sumergirme libremente en el túnel de las tinieblas y dejar de simular que soy un ser irreductible.

Quiero, al menos en este día, portar orgullosa la bandera nívea de la rendición, sin que nadie me tache de desertora que ya eligiré yo, libremente, el momento de reemprender mi lucha.
©Trini Reina
30/08/2005 07:51. #.

Prosa poética

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