Y callada, para ti seré,
como esa estrella de refulgencia blanca
que ilumina las sombras de la madrugada.
Quiero decirte, que cuentes conmigo.
Cuando el sol de tus mañanas
amanezca oscurecido.
Cuando la noche te alcance
y enseñoree tus sentidos.
Cuando la húmeda soledad
haga surcos en tus huesos,
y, sin misericordia, devaste tus dominios.
Quiero decirte, que cuentes conmigo.
Cuando desde el alma hasta la piel
te sientas de desaliento herido.
Cuando los peldaños de tu íntima escalera,
se tornen infinitos.
Cuando el insomnio arrastre tus sueños
y el cansancio entolde tu brío.
Quiero decirte, que cuentes conmigo.
Cuando el aire en tu pecho
se duela reprimido.
Y en tu garganta, el silencio
encarame su nido.
Quiero decirte, que cuentes conmigo.
Cuando adivines que el viento
dejó se soplar tus velas,
y te encuentres varado,
en el centro del camino.
Pues, no cabe vuelta atrás
y seguir marchando es un arma de dos filos.
Quiero decirte, que cuentes conmigo.
Cuando deambules por ese desierto carente de oasis
en que a veces se convierte la vida.
Y sientas tus pies hundirse
en la arena de la indolencia.
Mientras la responsabilidad,
mata de sed tus quimeras.
Quiero decirte, que cuentes conmigo.
En solitud, o en compañía.
Que yo seré la luna que a tu alrededor gira.
Que yo iré al mar, a ése que tanto admiras,
y te traeré una ola,
y una caracola colmada de melodías
que te hagan recobrar el ritmo,
el paciente paso,
la paz, el sosiego, el refugio
que perdiste, y que tanto ansías.
Quiero decirte, que cuentes conmigo.
Para ti aromaré mis estancias de lirios.
Y en ellas, para ti, erigiré
un pedacito de paraíso.
Donde vengas a respirar, liberto,
de todos los compromisos
que maculan hoy tu vida;
en la que yo, invisible habito.
©Trini Reina