Cuando el espíritu tiene más prisa que los huesos castigados, cuando le brotan airones y alas, y sólo ansía elevarse sobre las sombras irascibles, cuando el esqueleto se estira y quiere, pero cae desplomado(plomo inerme que conmueve) ante la impotencia que lo sofoca, cuando la voluntad duda entre rechazar el envite o seguir sus designios hasta el último aliento que de su imperio retoñe... ¡Cuánto afán prodiga la derrota para arrullarnos en su regazo!