Es muy tarde, casi se fueron las estrellas y la noche tiene color de agua. Caminamos sin saber donde nos allegará este divagar sin causa. Retiemblan los relojes en las torres -¡qué altas!-. A lo lejos, en el umbral de la calle larga, están regando el asfalto dos siluetas cansadas. Sobre nosotros desciende una red de hilos malvas. No quieren paz nuestros pasos ni requieren llegada, ni mayos, ni albas. Sólo dilatar el minuto de esta ventura inesperada.
EL tiempo infinito que buscan los enamorados; los adolescentes que se sienten incomprendidos, solos, únicos. ¡Quién pudiera parar el tiempo cuando el corazón sólo entiende de amor! Un abrazo de Mos desde mi orilla.