Sentándome, aparto las sábanas, húmedas de tu ausencia. Levantándome sigues hostigando mis huellas y camino la cruz del día sobre la altura de tu lejanía.
A la tregua del dormir encomiendo mi salvarme, mas, entre sueños, las cifras de tu ausencia serpentean bajo las cobijas, ampliando un día más el hueco entre tu exilio y mi nostalgia.