Bienvenida
Empecé a escribir a los cuarenta y cuatro años, recién recuperada de un cáncer de mama. Creo que a raíz de esa experiencia, comencé a apreciar lo que la vida me ofrecía y que antes, imbuida en otros menesteres, había obviado. Digamos que, anteriormente a esa etapa, yo cabalgaba por la vida y que una vez superada, emprendí un sereno paseo por ella. Pienso que ahí nació mi amor por la poesía, que no por la palabra, que ya amaba desde que tuve uso de razón. Ahora ya no entendería mi mundo sin la literatura y, cuando me preguntan qué razón me motiva a escribir, respondo, quizá pecando de un exaltado ego, que escribo para que cuando muera quede una huella tangible o leíble de mi paso por la vida. Pienso que si dejo mis sentimientos y pensamientos impresos, de alguna manera, cuando alguien me lea, seguiré presente, aunque sea en el instante en que esté leyendo aquello que un día, quién sabe cuántos años atrás; una mujer sencilla, y no por eso menos vehemente, trazó.
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A destiempo, la música alcanzó mis sentidos. Ya es tarde. El silencio sobre mí, derramó su inquina. ¡Vete, Música! Alienta a otro ser. Asciéndelo de los infiernos, que yo me quedo en este abismo. Quiero erigir aquí mi morada y aguardar serenamente en ella al beso de la noche. ©Trini Reina
Etiquetas: Entelequias, Trini_Reina, destiempo, música, morada  Cerradas gimen las puertas del recuerdo. Mi corazón, férreo carcelero, para salvaguardarse, al abismo arrojó las llaves.Y allí, en la oscuridad yacen, frígido metal hiriente. Sólo la añoranza, águila intransigente, afinando sus garras se atreverá a ir en pos de ellas. A riesgo de, en la travesía extrema, perder para siempre el orgullo de sus alas. © Trini Reina Etiquetas: Entelequias, Trini_Reina, llaves, intránsigente, férreo  Por precepto del corazón, quedan impugnados los abriles luminosos que, tan caramente, obnubilaron al alma y profusamente a quemarropa lastimaron. Relegada quedará aquella primavera que magna luz le diera, para luego abandonarle, entre sombras y sin aire, en ese páramo desolado donde no existen los soles refulgentes ni las flores irisadas. Por precepto del corazón, quedan impugnados los abriles mentirosos, que tan alto perjuicio al espíritu candoroso originaran. © Trini Reina Etiquetas: Entelequias, Trini_Reina, abriles, inpugnar, irisado  Me vence esta sequía omnipresente agostando los adentros. esa avaricia de mansa lluvia en la pupila, este envidiar lágrimas ajenas (tan fáciles parecen), mientras el erial de mis sentimientos en aridez agoniza.Me gana este agosto febril y perseverante que achicharra al alma, que reclama una brisa de gráciles amapolas y un rocío liberal que purifique la mirada. ©Trini Reina
Etiquetas: Entelequias, Trini_Reina, sequía, rocío, amapolas, lágrimas  ¿Dónde fue a morir la ilusión, alimento de esta alma ilusa? Aquí marchita de tristeza y hambre, con su letanía me conmueve.No hay música que despierte, de su tumba o su letargo, a esa ilusión que antaño, de juventud tejida, a este espíritu árido y gris de hoy de sueños proveía y que, en su alegría, al cuerpo que ahora, más que portarlo, padece, en perpetuos arco iris ceñía. ¿Dónde fue a morir la ilusión, otrora fontana, del alma mía...? ©Trini Reina Etiquetas: Entelequias, Trini_Reina, desilusiones, fontanas, almas  …Y mil veces me propongo relegarte al abismo, dejar agonizar este querer sin sustento y sepultarlo en una fosa recóndita y umbría, lo más alejada de este tonto corazón que se empeña en avivarlo, aunque eternamente tropiece con la piedra de tu indolencia que lo condena al desvarío.Y mil veces prometo anestesiar este amor con dosis de fingida indiferencia, antes que el desafecto que me profesas sofoque el brío de mi espíritu. Mas son mis promesas las que perecen… ante la subversión del olvido. ©Trini Reina Etiquetas: Entelequias, Trini_Reina:razones, corazones  La vida es terriblemente larga o cruelmente breve. Y quién sabe qué apremios, o qué arrastrarse quedamente, nos depara el porvenir. ¿Quién se acuerda fielmente del camino que, olvido a olvido, fue encubriendo la maleza de los años? ¿Quién augura verazmente lo que hallaremos tras el próximo recodo? Entonces... ¿por qué ir más allá del hoy si casi nada de lo que pronosticamos tiene el don de convertirse en realidad?© Trini Reina Etiquetas: Entelequias, Trini_Reina, vida, porvenir, brevedad  Quiso volar, pero, como Ícaro, carecía de alas... Se las demandó a una primorosa ave, mas ésta, sobrevolando su cabeza, sonrió ante el disparate y trinando se alejó. Luego imploró generosidad a una laboriosa abeja, mas el insecto arguyó que la aguardaban sus pulcras flores, y lícito no era dejarlas marchitar... Ni siquiera un canoro grillo le ofreció sus élitros y, sin sentirse apesadumbrado ante la dolorosa súplica, ufano, continuó con su monocorde canto.Así que, como último recurso, hizo pájaros sus palabras y las lanzó a volar... Pero las palabras se las lleva el viento o, peor aún, se precipitan en opacos oídos... Y así, un sol duro, como son los soles de agosto, acabó por derretir la fantasía de aquella ilusa que, por siempre, terrenal fue y en el imperio de la tierra,extenuada, reposó sus pies. © Trini Reina Etiquetas: Entelequia, Trini_Reina, alas, aves, palabras  Céfiros destructores de sueños azotaron sus estancias y sin esmero abatieron el castillo de arena donde moraba. Devastaron, en su impío rolar, ilusiones al azar, intermitentes paraísos y amores con disfraz. Eclipsada quedó la felicidad que, en el instante del vendaval, su ser sentía y que de repente de ominosas nubes el alma le ocupó. Y ahí continúa, con la mirada incrédula clavada en las torres derrumbadas, sin dar fe de la hecatombe, quizá, hasta que el reloj de la vida venga a poner orden y lo exhorte a levantarse y erigir nuevo castillo en otro lugar, más sólido y preciso, a salvaguarda de los imprevisibles vientos exterminadores de sueños. ©Trini Reina Etiquetas: Entelequias, Trini_Reina, céfiros, castillos:arenas   Autora de la pintura:© Isabel Navarro De pardo se tizna el alma cuando tras mucho soñar se percata de que nunca, por más que a sí misma se mienta, llegarán a plasmarse sus sueños. Es entonces que toma esa pátina pardusca, la misma que en la memoria adoptan los amargos recuerdos persiguiendo al olvido. De ese matiz de oro percudido es el sudario que amortaja a los sueños rotos.© Trini Reina Etiquetas: Entelequias, Trini_Reina, sueños_rotos:matices  De rosa pinté las paredes y de azul la bóveda que me cubría; tan azulina era que a ella, por voluntad propia, vinieron a posarse las estrellas. Yo, en el centro de la estancia, suspendida en íntima fantasía, cerrados mantenía los ojos a las sombras y su perseverante hechizo.La noche, con su atrayente oscuridad, amagaba, sin osar posarse, sobre aquel recinto que, desde muy adentro, exudaba dicha. Y era tan alta la exuberancia del espíritu que allí residía que hasta cuando las estrellas, cansadas de brillar se dormían, sin el tributo de éstas, proseguía emitiendo luz… ©Trini Reina Etiquetas: Entelequia, Trini_Reina, rosa, azul, luz, estrellas  …Y se descubrió sola. En la cúspide de la nada, mordida por el viento, por la soledad acosada.La soledad, de ojos perversos y opresivas garras. Algazara en las afueras, afonías en el alma. Ni suspiros ni voces, ni ecos de palabras. Sola y desvestida, aterida y desgarrada. La saudade tuvo piedad… y le cedió su capa. ©Trini Reina Etiquetas: Entelequia, Trini_Reina, soledad, saudades  ¿Dónde os escondéis, palabras? Decidme donde os halláis ahora que os necesito. ¿Por qué me dais un quiebro y huís. ¿Por qué no atendéis mi ruego y volvéis a desplegaros en la memoria y así, que mi alma sienta ese conato de gloria que para su bienestar supone fraguar un verso. Por no mencionar el dulce embeleso, cuando ese verso, a otro encadenado, crea un poema, de exaltada tristeza o alegría enardecida. Que, al fin y al cabo, para el rapsoda, la más humilde poesía, en el momento de tomar forma, del más lúgubre de los infiernos al cielo lo transborda. ©Trini Reina Etiquetas: Palabras, Trini_Reina, cielos, infiernos   Imagen:"Erato" de Simon Vouet El desvelo de mi musa se hizo dueño. La cameló con su insidia. La enredó entre sus tupidos velos. La sumió en la amnesia y por ahí vaga sin encontrar el remedio que le devuelva la belleza a las palabras que solía sembrar en mis pensamientos.Con rojos cirios ilumino las orillas de los vericuetos por donde mi poesía yerra perdida ajena a mis porfiados ruegos. Anhelo me devuelva la gracia de poner en letras mis sentimientos, que restituya la inspiración a mi mente, y de allí, al pulso de mis dedos; que provenga la palabra a la página de este albo y silente cuaderno. Que vuele la pluma por él, sin inconvenientes ni recelos, fraguando un poema, un desatino, o, prodigiosamente, un cuento. Para que así esta infructuosa espera no tenga visos del vacío eterno, ©Trini Reina Etiquetas: Musas, Trini_Reina:cuadernos, inspiración  Estaba dormida. La miré, y una lágrima escapó de sus ojos cerrados. Hasta mí llegó su dolor y pensé: “¿Con quién estará soñando mi muñeca de trapo”?©Trini Reina Etiquetas: Entelequia, Trini_Reina, muñeca, lágrima  Cada vez que la helada acechaba mi alma, hacia ti volaba buscando cobijo; bajo tú sol, enjugaba mis alas. Tú desplegabas tus rayos, algunos días sin esfuerzo, y otros a desgana. Contigo se encandilaba mi espíritu y de ti, reclamaba auxilio, cuando la vida, vomitando circunstancias, me flagelaba. Ahora, que para mi te abonaste al eclipse, ahora, que otras tierras tu calor demandan, yo ando perdida en mitad de un páramo, sin descifrar, para huir, las coordenadas. Si tomo rumbo sur, el gélido viento me embiste y si al norte me dirijo, me ahoga la escarcha.© Trini Reina Etiquetas: Entelequia, Trini_Reina, escarcha, heladas  No viajaran más mis palabras a agasajar a tus oídos. Disgregadas quedaron, cual puzzle, destronado por un niño. No hay milagro que las una, para así, recuperar voz y sentido y, levitando, huyeron, al planeta del olvido.Allí, con las caricias desatendidas y los derrochados besos de amargo vino, allí, con las horas muertas, aguardando un amor que jamás fue recogido, allí, con el transcurrir inmisericorde del tiempo, y una jauría de desaires padecidos; se fue erigiendo, alrededor del planeta, un descomunal anillo, donde millones de partículas, de tantos y tantos amores no queridos, desahuciadas, giran y giran, en el negror del cosmos infinito. Allí, donde agonizan las pasiones, que nunca hallaron destino. © Trini Reina Etiquetas: Entelequias:Trini_Reina, desamores:olvidos   Autor de la pintura: Paul Delvaux (Robe de Meriee) Arribó el amor. En aquella estación, ya nadie lo esperaba, tan avanzada la noche. Llegó el amor, y recorrió los fríos andenes, y en silencio, paso a paso, fue dejando vestigios de prodigiosa calidez. Nadie lo esperaba. Desde un vagón fantasma, descendió el amor, envuelto en niebla, vestido de humo. Se presentó sin valijas visibles; pero traía las alforjas del alma sobradas de sentimientos. Como un ilusionista, de su chistera surgían: requiebros, besos, suspiros, rosas y caricias… Dadivoso hechicero desplegando por doquier sus sortilegios. Llegó el amor. Y aquélla alma solitaria, que se vanagloriaba de ser la soberana del escepticismo, ésa, que hasta entonces se limitaba a ver pasar los trenes, ante aquel vendaval de seducción que contra ella arremetía; sólo pudo abrir los brazos, y entregarse sin dilación, a tan insigne viajero. © Trini Reina   Autor de la pintura: Vicent Van Gogh
Marchaba a trompicones por un laberinto tortuoso; las márgenes, franqueadas de sombras. Al volver la vista atrás la maleza sobre él se cernía, así que siguió, aunque perdido el rumbo, adentrándose más y más por aquella travesía. En una bifurcación se dio de bruces con un desconocido. Nunca hasta entonces lo había visto y quedó extrañado por la fiereza que se le adivinaba en las facciones.Se detuvo en el centro de la vereda y el mal encarado peregrino, le cerró el paso, negándose a dejarlo proseguir en busca de la salida. El espectro, pues eso parecía por su atuendo raído y bruno, abrió sus fauces e intentó sustraerle el aire que respiraba hasta el punto que sintió una fuerte punzada en el pecho y temió ahogarse. Y, a la vez, notó un disonante latido en el corazón, que sonó a lamento. Por un instante pensó que tan intenso dolor le mataría y unas lágrimas incontroladas escaparon de sus ojos, engarzados en tan maligno transeúnte. Con un penúltimo resuello preguntó al desconocido que por qué de esa manera lo hería, quién era que tan intenso quebranto le causaba sin motivo. A lo que el peregrino contestó: “Soy el desamor, y ésta es mi primera visita a tu joven vida…” © Trini Reina   Fue afortunada. El día que le dejó marchar; llovía…Ni pájaros ni flores pudieron dar testimonio de aquel agudo duelo. La lluvia, dando la mano al viento, arrastró hojas y lágrimas, borrando cualquier vestigio del sacrificio. Cuando el sol, cegado de impaciencia, dispersó las nubes de tormenta, el alma se había tragado hasta la última partícula de amargura.Sin misericordia, continuaron danzando los días… Mas todavía, en las grises tardes de lluvia, un alma atormentada solloza, penando su dolor, velada entre las sombras. ©Trini Reina  Al fin, arribó el amor. Aquél codiciado amor. El de la rezagada espera…Se extinguió la incertidumbre. El prolongado deshojar de margaritas. La cáustica duda. La certeza, pañuelo en mano, se hizo visible; llorando lágrimas dulces. El corazón encomia su victoria y estrena tembloroso repique. Y a lo largo y ancho del alma, se extiende, untuosa, una dulce melancolía… Destemplados adioses recibe la soledad. Ésa perseverante y leal compañera que, desde ahora, tendrá que inquirir paisajes ajenos donde erigir su nido. ©Trini Reina
 Sonreía, con esa sonrisa que antecede al llanto: insondable, silente, íntima. Se mordió la lengua, y espantó a las lágrimas que acechaban, ávidas por sazonar la pena… Se mantuvo inmóvil, a sotavento de las embestidas que, desequilibrarla pretendían.Sus oídos se negaron a descifrar sonidos. Sus ojos, posados en la nada, miraban sin ver. Dejó arrastrar los minutos, simulando un trance externo; mas, interiormente, exhortaba al espíritu a desdoblar las alas, y éste, no la defraudó… Y voló. Voló hacía esa isla que se alza en el estuario de su clarividencia, donde ella, con la valija de sus sueños en una mano, y la llave de la libertad en otra, de tarde en tarde arriba, y en la que sempiternamente será, la primordial y única soberana… ©Trini Reina   La cúspide de la necedad es amar a quién jamás su amor nos dará. Ni suplicándolo con donaire. Ni desplegando la ternura. Ni aduciendo razones. Ni arrinconando dudas. Ni amparándonos en los desaires. Ni con un hechizo de luna. Ni cautivando corazones. Ni profesando la donosura. ¿Por qué hay algo más ingenuo que un alma candorosa? ¿Por qué hay algo más necio que un corazón obnubilado? ©Trini Reina   Cuando confiada estoy en que eres mi exclusivo rayo de sol, ese que prende, en mis ilusiones una hoguera, giras y, te conviertes en sombra que pasa, llevándose tras de sí, a otra nebulosa; el total de mis estrellas. Abandonando, sin mirar atrás, mi morada mísera de luces. Y tienes el poder, de robar la carcajada a mi sonrisa, dejándome sólo esta línea insulsa, que hoy, dibuja mi boca. Y eres quien me despoja del fulgor azul de mi mirada; legándome a cambio, la llave que abre el incoloro manantial de mi llanto. Contigo, mi alma se aureola de jazmines, o se cubre de violetas. Alternando el blancor alborozado; por el pávido morado de la angustia.
© Trini Reina
  Entre los hilos de la noche, si nos acosa el desvelo, a veces se tejen además de los sueños; los recuerdos. Esos recuerdos que son como un guante de seda para el alma que fue menospreciada, ya que, el sopor de la mente, la lasitud del cuerpo, el letargo de la sangre; le pulen las aristas al gran dolor del momento exacto de la herida. En esos túneles de la madrugada, parece que aquel ramalazo aguije desleído, entre calinas y ensueños. Mientras el corazón, adormecido, no se conduele tan hondamente. Y giramos, de la pena de la perdida, al regocijo del reencuentro, como en un tiovivo de estrellas que, con su cautivadora melodía, nos eleva a la cúspide o nos desciende al abismo. Al fin, el sueño misericordioso, nos subyuga. Pero nuestro descanso anda sumergido en un mar de sobresaltos. Y al alba, que tiene prisas por dominar, despertamos con la memoria inflamada de escenas que, aunque brumosas, son excesivamente intensas, y tardan en borrarse. Y ese día, la enorme distancia que nos separa del que se fue, pareciera que se acortara, y la sensación del abandono nos deja, por unas horas, un característico resabio agridulce. ©Trini Reina

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