
Espectro negro, desdibujada silueta.
Me niego a abrirte mis estancias
Mas tú, sombra, impura estela,
a pasos gigantescos te desplazas.
Te cuelas por mi azotea,
por las rendijas de mis ventanas;
el ojo de la cerradura
y las paredes encaladas.
Denso, oscuro, sin pausa…
¡No!, no quiero,
cobijo no quiero darte.
Te repudia la cordura,
te reclama sin pudor la sangre.
Sutilmente
los tentáculos alargas,
amparado en el aire
te filtras en mi alma.
Atizando al fuego
en el vientre, las ansias;
torturan al corazón
para que baje la guardia.
Un ápice de tesón me resta.
¡No!, no quiero brindarte
las llaves de mi casa,
mas soplas en los cristales
y tu aliento prende llamas.
En todo el cuerpo vencido,
en los confines de las entrañas.
El deseo, encabritado,
destruye mis fachadas…
Acatando la derrota,
a ti me abrazo
y te rindo armas.
©Trini Reina