
Como un vampiro en busca de sangre fresca, él recorría las calles en noches parcas de luna. Sediento.Mas, en lugar de morder y succionar la yugular de su victima para alimentarse, clavaba sus lascivos ojos en los cuerpos semidesnudos que, surcando el séptimo sueño, reposaban en sus alcobas. Luego, ahíto su instinto morboso, abandonaba la ventana ajena y regresaba al hogar con la inocencia en la cara dibujada.
Sólo así era capaz de sentirse hombre.