Texto y fotografía de Juan CaroFue un hombre niño o un niño que creció demasiado, pero ante todo era un gran corazón.
A mí me causaba un gran respeto por su forma de ser… Se llamaba Manuel, pero en Tomares, todos lo conocíamos por el Villani. No sé de donde le vino el apodo, y sé muy poco de su vida pero siempre le tuve un gran afecto.
No pienso que fuese a la escuela, ni que, incluso supiese leer, pero le gustaba soñar…
Desde hace muchos años trabajó para el Ayuntamiento, desde recogedor de basura con un carro del que tiraba un mulo, hasta jardinero del mismo.
Todos recordamos su característica forma de hablar. Eso me trae a la memoria una anécdota ocurrida en la puerta misma de mi casa. Manuel, o Villani, como queráis, estaba abriendo una zanja para instalar luego el alcantarillado que por aquellos días se estaba renovando… El sudor corría por su cara, a pecho descubierto, sin camisa, con un sol que caía inmisericorde sobre él, y acertó a pasar, montado en su coche, el Sr. Arquitecto Municipal. Como todos querían a Manuel, lo saludó al pasar: Adiossssss, Villaniiiii, le dijo… Manuel, se irguió, dejó de cavar con el pico, y le gritó al Arquitecto: Aaaadió, jío tonto… Y siguió abriendo la zanja.
Lo recuerdo sentado por la tarde en la puerta del matadero municipal que había en Tomares y que él era encargado de limpiarlo, durante los veranos, con su uniforme de siempre, pantalón y sin camisa, y su botella de vino blanco para combatir el calor de aquellas tardes.
Siempre lo saludé y él me contestaba con gran cariño, conocía a mi padre y sabía quien era yo.
¿Fue feliz? Me atrevo a apostar que sí. Ojalá lo fuera, se lo merecía, era un alma cándida y buena…
La última visión que tengo de él es sentado en una silla en su puerta, ya jubilado, mirando al cielo, pensando, o quizás soñando con aquellos años de trabajo o en los años de su niñez… pero siendo feliz.
Era una gran persona, fue el último hombre niño que yo conocí.
Ahora debe estar de jardinero en el Cielo, regando las flores blancas, como su alma, que Dios tiene sembradas… Y todos los Ángeles le conocerán y lo saludarán al pasar y él les dirá: Adiós, jíos tontos… Y los Ángeles se irán con una sonrisa en la boca.
Manuel, Villani, tú no lo sabías, pero yo siempre te tuve un gran respeto y muchísimo aprecio…
Espero encontrarme contigo algún día…
Adiós, Villani. Siempre estarás en mi recuerdo…
Juan Caro, un tomareño de nacimiento y sentimiento…