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Irene sale a la calle y respira. Respira dejando atrás las absorbentes galerías que confinaban su resuello. La recibe el crepúsculo de cualquier septiembre, y la quietud imperante de las horas sin poniente. Lleva tendido en el alma un dolor inconcreto y la esperanza asomada a las orillas de su sonrisa. No es su ciudad la que transita y desconfía de ajenas multitudes -será por el contraste con la soledad de su regazo-. Camina enajenada y con un deje trágico de prisa. Un puente separa la fiesta de su realidad antagonista, por eso arría la mirada, posándola en el fondo, donde un río acobardado es el heraldo que la redime de las lágrimas. A lo lejos, sobre la cornisa, ya bosteza la noche y acercándose a su destino, a Irene se le llena el alma de estrellas.©Trini Reina Marzo 2010
 19/03/2010 08:04. Creado por Trini Reina #.
Autor: Luisa Fernández
Es simplemente precioso. La quietud del anochecer se palpa en el puente, en el río, en la misma alma de Irene llenándose de estrellas. A veces encontramos un remanso de paz en los vestigios de la cotidianidad, y a pesar de nuestro estado interior, sigue anocheciendo. Eso nos calma.
Un beso, Trini.
Fecha: 19/03/2010 14:02.
Autor: David Falcón
Lo mismo digo, precioso, qué manera de escribir a ciertas cosas que otros desdeñan. Sigue así. Un beso. Fecha: 21/03/2010 13:42.
Autor: carmen
Se siente como si el personaje se dirigiera hacia una liberación que esperaba, como si cerrase capítulo para enfrentarse a una realidad distinta, de esperanza. Con el alma llena de estrellas; buen final para tu ejercicio y mágnifico renacer para Irene. Fecha: 21/03/2010 16:12.

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