Bienvenida
Empecé a escribir a los cuarenta y cuatro años, recién recuperada de un cáncer de mama. Creo que a raíz de esa experiencia, comencé a apreciar lo que la vida me ofrecía y que antes, imbuida en otros menesteres, había obviado. Digamos que, anteriormente a esa etapa, yo cabalgaba por la vida y que una vez superada, emprendí un sereno paseo por ella. Pienso que ahí nació mi amor por la poesía, que no por la palabra, que ya amaba desde que tuve uso de razón. Ahora ya no entendería mi mundo sin la literatura y, cuando me preguntan qué razón me motiva a escribir, respondo, quizá pecando de un exaltado ego, que escribo para que cuando muera quede una huella tangible o leíble de mi paso por la vida. Pienso que si dejo mis sentimientos y pensamientos impresos, de alguna manera, cuando alguien me lea, seguiré presente, aunque sea en el instante en que esté leyendo aquello que un día, quién sabe cuántos años atrás; una mujer sencilla, y no por eso menos vehemente, trazó.
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04/07/2008
No te engañes corazón, que no emanan de su boca para ti esos besos. Que no germinan de su pasión para ti esas caricias. Que tienen destino corazón, y ante ti, de largo pasan. No te engañes corazón, por el brillo febril de su mirada, que su amor no busca, de tus pupilas el reflejo. Que por ti, su deseo no prende llamas. Y las estrellas que portan sus manos, a tu cielo no van asignadas. Ni para tus latidos, él desata sus latidos. No te engañes corazón, que no se esbozaron para ti esas odas. Que no se fraguaron en su alma, para la tuya, esos te quiero. Que esos sones de ruiseñores no vienen a cantar ante tu puerta su serenata. Que son para otros sentidos corazón, y a ellos van ofrendados.
No te engañes corazón, no te desprendas de tu coraza, que de ondas de indolencia vienen sus actos salpicados, y si te ven desnudo y confiado, acabarás nuevamente de desengaño herido.
No te engañes corazón, sécate esas lágrimas, que no merecen el llanto los falsos ídolos. Enjúgate los ojos, alza el semblante, y bajo un sol naciente ampárate de la mala sombra, que la esperanza ante ti se arrodilla y entre sus brazos te acoge.
 ® Trini Reina
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20/06/2008
Esa sombra, que de amargura eclipsa tu mirada, es la que se clava, suplicante, en el centro de mi alma; y hace estallar en mi seno la ternura. Que se despliega, como floresta en primavera, incitando mi pasión, que de inviernos adolecía… Por los poros de mi piel, ávido e insinuante te deslizas y ahondas, hasta alcanzar la llave que guarda mi corazón; líder en derrotas. Que, olvidando los desaires que le hubieren infringido, se emociona y se desboca, tras este amor que me provocas y al que obviando la cordura; presto asilo. Mis dedos, hacen surcos en tu cara, sembrando a caricias, lo que la boca luchó por callar. Y se rinde el corazón, y te entrega todo el amor que ostenta, para así despojarte de ese dolor tuyo que me duele. 
® Trini Reina Etiquetas: Reheditados, Trini_Reina, llave, lider, surcos 
02/06/2008
Caminaba masticando apuros cotidianos: las manos en los bolsillos y el semblante ausente, de repente, un beso de sombra le hizo levantar la mirada del suelo. A lo lejos la vio venir, subía la calle que él bajaba y el vuelco alegre de su corazón, propició que los pies trastabillaran. Rogó para que el sonido que rebotaba en su pecho, no se oyese en las afueras. A sus años parecía ridículo ese aceleramiento del corazón, por lo común tan sosegado. Achacó a la sorpresa esa revolución del cuerpo, cuando vio aproximarse a la mujer, que sin saber por qué, lo exaltaba. Al cruzarse sus caminos, la mirada de los dos se enredó por unas milésimas de segundos y él juraría que el rubor, a ella le tiñó la cara. Al unísono, las voces: risueña la de ella, sobria la de él, modularon un enlazado ¡buenos días! Que sonó a sinfonía inédita. Y la sonrisa de ambos, al reconocerse, iluminó un tono más la mañana, ya de por si esplendente. Ella, al darle la espalda, siguió luciendo esa gesto extraño que la ilusión traza en la cara, del que por regla general, de decepciones anda plagado. Y ese día, por el mero hecho de ver a ese hombre, que intuía alterado en cada ocasión que con él tropezaba, su encajonada vida se dilató algunos milímetros. No le sentaría mal a su espíritu gozar de un poco más de holgura. Él siguió sin más el rumbo hacía sus obligaciones, y como esas otras jornadas en que el azar los hacía coincidir en aquella callejuela, la vida, por unas horas, al rememorar el encuentro, le parecía más hermosa, y menos duro era sobrellevar la soledad que tanto se afanaba por disimular. Mientras su corazón acompasaba el ritmo, cavilaba en los sueños inconfesables donde aquella singular mujer era la protagonista. Quizá todo era una entelequia creada por su mente y se engañaba solo al suponer que la agitación que sentía, era correspondida por ella. Tal vez se agarraba a la penúltima gota de fantasía, al último seísmo de la sangre en las venas que, la naturaleza, ya a estas alturas de la edad le deparaba, como un condenado se agarra a la esperanza de ser redimido. Y así continuó alejándose de aquella calle, mientras en su cabeza mil pensamientos bullían. Y sobre ellos destacaba el anhelo de volver a cruzarse, mañana de nuevo, con aquella señora que provocaba tan dichoso cataclismo en su apulgarada existencia.  © Trini Reina
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22/05/2008
En mi cuerpo la tristeza arde como frente enfebrecida. Avanza la noche sembrando estrellas que en mis ojos no brillan. Llevo al invierno ceñido a la garganta y al estío clavado en las pupilas. Nunca en mi pecho ocupó tanto espacio la melancolía. Enmudecido el aire, acompaña mis horas tristes. Antes me coronaron otros silencios, mas no tan hondos ni tan nocivos. Toda mi piel tiembla de soledades y no existe abrazo que la consuele, ni suaves palabras de dulce abrigo. Esta noche de nuevo mostrará sus garras la vigilia, convirtiendo los minutos en eternas pesadillas. Hasta que al alba cante el gallo y huyan los fantasmas, temerosos del tributo de esperanzas que aporte el día.
 ® Trini Reina
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27/04/2008
Sólo pretendo ser línea de espuma en tu mar. La mínima partícula que se desliza en tu cielo. Una gota en el agua de tus fuentes. O un minuto al día en tus pensamientos.La cinta de tu libro. Una página venturosa en tu cuento. En tus otoños, una hoja seca, y una nube en tus inviernos. La “jota” de tu risa. Poesía que adule tus sentimientos. El secante de tus tristezas y la panacea en tus tormentos. El remite en tus cartas. El prefijo de tu teléfono y, si eso te sabe a mucho, la arroba de tu correo. La saeta en tu reloj o el botón de tu chaleco.
¿Ves mi amor que poco pido? Y tú que te guardas quedo, no envías señales que agiten las frecuencias de mis silencios. Ni de humo, ni de Morse; ni de telégrafo. ¡Qué soso eres bien mío! ¡Qué flojera abona tus huesos! Si no te pido que corones en globo, la luna; ni que recorras en patinete el universo. Sólo deseo una mirada furtiva, que hasta mí se descuelgue, desde tus ojos negros. Y un beso de tu boca y una sonrisa que espante mis miedos. Una caricia de tus manos y el roce en mi cara de uno de tus dedos. Una palabra de cariño y un jazmín para mi pelo. No deseo que me pesques una ola. Ni que me bajes un lucero. Sólo que cruces la acera, que yo, a tu altura te espero, con el corazón en vilo y el alma en suspenso. No dirás que soy ambiciosa, no dirás que de egoísmo muero. ¿No ves qué poco pido? ¿Por qué me esquivas entonces, moreno? Si tan sólo pretendo ser, en tu bolsillo, un sueño. ¡Y mira si tengo arte! ¡Mira con qué arte te quiero! Que si a sabiendas de todo, aún me guardas recelo, la libertad te otorgo, para que con ella engalanes el ala de tu sombrero.
 ® Trini Reina Etiquetas: Reeditados, Trini_Reina, risa, arte, vilo, jázmin 
05/04/2008
Quizá tú seas mi particular sirena, pues me fustigas con tu canto insinuante, y yo, indefenso, termino naufragando en la playa de tu cuerpo; como un poseso en pos de una quimera.Quizá seas tú la reencarnación de mis pasiones. Apareces y tu mera presencia enaltece mis sentidos; basta una mirada tuya para que mi vientre prenda llamas. Tú eres mi panacea, y yo, despacio, sin apenas percibirlo, me he convertido en adicto al veneno que tu piel irradia. Tal vez el diablo te creó para tentarme y yo me vuelvo barro a los designios de tus caprichos. O acaso fue un ángel sin espada quien te cruzó en mi destino para que así tutelases mis caídas… Quizás seas el remanso donde este hombre acude a liberarse de sus profusas inquietudes. Porque tú lideras la energía que me extrae de mi submundo. Contigo pierden espesor mis pesadillas. Quizá llegó la hora de que mi rígida conciencia acate que, en el vergel de mi corazón ha florecido el rosal de la certeza; mientras, se marchitaba el arbusto de los acaso… ® Trini Reina 03/08/2005
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21/03/2008

Y pasa el tiempo y el silencio abre brecha entre dos que callan. El hielo forja caminos, enmoheciendo las distancias.Se ciñen los sentimientos y se escatiman las palabras. Se dominan los deseos y el orgullo apacigua lo que pugna por brotar del alma. Y todas las cosas por decir, las que importan y las que carecen de importancia, se esconden bajo la lengua o se ahogan en la garganta. Se suceden las estaciones y los “te quiero” de hoy, al callarlos, se convierten en los rencores de mañana y el desamor, caballo desbocado, campando va a sus anchas. Hasta que un día, al despertar, sólo encuentras soledad al otro lado de la cama. Y pasa el tiempo y el silencio abre brecha entre dos que callan. ®Trini Reina
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03/03/2008
Te quiero. Porque me sale del alma, y quiero. Porque eres el dueño de mi risa, quién enjuga mi llanto y sofoca mis miedos. Ese que sana mis heridas y me conforta si tropiezo. La fuerza de mi dicha, el alazán de mi sangre y el promotor de mis sueños. La clave de mi paz y el artífice de mis celos. Eres el segmento de mi vida que bosqueja mis deseos. La quimera que me empuja a subir cualquier repecho. Serenidad que procuras, a mi turbación, sosiego. La respuesta a mis dudas, el interrogante de mis misterios. Música que besa mis sentidos; sinfonía que me alza al cielo. La onda de mi voz, el intérprete de mis silencios. Eres tú, vida y pasión. Epístola de amor; la fe y el credo. Hacía tu luz camino, aunque me abrase en el averno. Pues contigo vibro, y sin ti, desfallezco. ®Trini Reina 30/11/2005 Por si quieres oirlo...Etiquetas: Textos_reeditados, Trini_Reina, sinfonía, serenidad, artífice 
17/02/2008
Abracé al viento irascible que, a ráfagas, se enredó en mi cintura. Aspiré su fragancia a indómita libertad. Quise llenar de él mis manos; mas, arisco, huyó y se posó en mi pelo, que se dejó mecer por su locura.Cubrí mis oídos para no delirar con su suspiro. Cerré mis ojos para que no me hiriera la prisa de su vuelo. Y entonces, sentí en mis labios un turbulento beso que dejó en mi boca sabor a mar. ¿O sólo fue el salado regusto de una lágrima, que, rendida, descendió por mi mejilla, acatando que Eolo, ni tan siquiera por amor, se deja domeñar?... ©Trini Reina 27/4/2006
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04/02/2008
Me lleva. Hasta ti el corazón me lleva: tañendo me empuja, jubiloso me apremia, a seguir el rumbo que traza tu estrella. Camino. Pisando charcos camino. Vadeando trochas, cruzando vías, abandonando andenes. Descalza a ratos, calzada con escarpines alados a veces; la vista clavada en el horizonte, que tu luz promete. El alma, vieja experta en desengaños, ahíta de soledades. Al corazón grita ¡despierta! Huye de este extravío, que el invierno se allega y piedad no tiene con los desatinos. Más el corazón, no se intimida, y con valentía, ahueca velas, invocando al viento que sople y lo auxilie en su carrera. Y el viento, que se apiada de los enamorados, se disfraza de Levante, y silbando sin demora, espolea al corazón hacia delante. Te encuentra. Varado en un viejo puerto, mi corazón te encuentra, sin mi amparo perdido. Sumergido en oscuras decadencias. Me deja. En las lindes de tu alma, el corazón me deja, y aquí me quedo, para ser tu compañera. De glorias y sermones, triunfos y fiascos; discrepancias y avenencias. Porque aquí, donde el corazón me trajo, quiero erigir mis fronteras, para albergarte entre mis brazos y descubrirte siempre a mi vera. ® Trini Reina Reheditado anteriormente en Febrero de 2006 Etiquetas: Reheditados, Trini_Reina, varado, ahuecar, velas 
09/01/2008
 Fotografía gentileza de: Franc
Cómplices. En los amaneceres de azules matices y en los crepúsculos malvas. Cómplices difuminando las tinieblas de los densos días. Cómplices, siempre cómplices; incluso en las largas ausencias.Cómplices en las sobrecargadas rutinas y en las livianas aventuras de los días en común y los años aunados. Cómplices en esta historia que, de ilusiones y esfuerzos, en nuestra intima acuarela vamos esbozando. Cómplices en las risas, que, por sí solas, se desatan cuando, a solas, frente a frente, nos miramos con el deseo brillando en los ojos y las ganas derramándose en las manos. Cómplices de corazón desnudo, de alma y cuerpo entregados, de pudores e impudicias, de tiernas caricias y besos apasionados. Cómplices en las lágrimas, que secas a besos si me encuentras llorando. Cómplices en las desilusiones, las alegrías y los ratos amargos; que, a medias, pesan menos y bastante menos se tarda en endulzarlos. Cómplices en este reñido amor de cumbres y tajos. Cómplices de acuerdos y divergencias, de pactos de concordia y miradas de soslayo. Cómplices, a pesar de que, a veces, por ajenas tristezas, en aceras distintas nuestros pasos marcamos. Mas, un leve gesto, una palabra dulce, un perdón suspirado, nos vuelve al presente y en un cómplice abrazo desembocamos. Atados por invisibles lazos, cómplices nos nombró el destino y al azar es inútil desafiarlo. ©Trini Reina Editado anteriormente el 23/08/2005 Etiquetas: Prosa_poética:Trini_Reina, amor, cómplices, alegrías 
10/12/2007
Al sol, le hablo de ti, le cuento que tú eres, y no él, quién otorga luz a mis días. Y él, ante tan alta soberbia dilata sus rayos y sonríe.A la luna le hablo de ti, muestra tu cara más hermosa, le pido. Para que allá donde él se encuentre a tu claridad descifre el misterio que lo acerque hasta mi alma. Al mar le hablo de ti, le cuento que tú eres la marea que me arrastra. Quien hace de mí una ola que anhela alcanzar tu orilla, y allí, en la calidez de tu arena, buscar la paz para mí quebranto. Al río le hablo de ti, le ruego que lleve en su corriente, mecida al vaivén de sus aguas a mi barca, hasta que arribe a tu puerto para echar anclas a tu amparo. A mis sueños les hablo de ti, y en ellos soy libre de entonar mi canción a tus sentidos. De prodigarte una riada de besos. De donarte un millar caricias. Confesándole a mis sueños tan oscuro amor, yo soy libre de amarte; sin que la realidad me prohíba hasta suspirar tu nombre. A mi soledad le hablo de ti y ella al escucharme se multiplica más si cabe. Intento que de mi se conduela y entre sus tentáculos me reconforte. Mas, sólo de su parte recibo silencios. A mi almohada le hablo de ti y a ella me abrazo en esas mis noches tristes que tan bien conocen sus plumas. Mas, no sabe ofrecer respuesta a mis consultas, y conmigo se solidariza bebiéndose mis lágrimas. A mi corazón le hablo de ti; pero, este me contradice llorando vacíos. Ninguna flecha perdida al tuyo hirió de amor, y el mío, solitario, sobrevive a medio pulso. A mi alma le hablo de ti, y ella, perpetuamente blanca me aconseja que no desespere, que tal vez me ames la siguiente amanecida. Y ella sola, exageradamente cándida; se agarra con uñas y dientes a la esperanza. ®Trini Reina Septiembre/2005
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28/11/2007
Tomándola entre sus manos, con toda su fuerza, la abrazó contra su pecho, y éste gesto la reconfortó en su soledad. Sintió en el alma el calor del contacto, algo parecido a un rayito de sol en mayo. El corazón casi se le derrite de ternura, y unas lágrimas, excesivamente ardientes, escaparon de sus ojos; y fueron, tal gotas de lluvia que empapa la campiña tras semanas de sequía.Tras restablecerse de su momentánea debilidad, se atusó el pelo, y con el dorso de la mano, secó los estragos de la salina lluvia en su semblante. Luego, un tanto avergonzada de su proceder, cariñosamente la depositó sobre el cubrecama. …Y allí quedó la muñeca de trapo, impasible, con la mirada ciega de sus iris de vidrio, ajena al efímero bien que había obrado... “Para los que de soledad padecen, algo es más que cero, aunque tan sólo sean unas hebras, de ideado afecto.” © Trini Reina Noviembre/2005 Etiquetas: Reeditados, Trini_Reina, muñeca, soledad, iris 
15/11/2007
 Aquí recitada por si quieres oírla... Quién es el dueño de mi soledad. Quién la dejó a la puerta de mi alma. Vino de la mano del viento, o se coló de rondón por la ventana. De quién es la culpa de que sin brida, sobrevuele las márgenes de mis entrañas, impregnando todo, de aromas a impotencias y nostalgias.Quién es el dueño de mi soledad. Por qué no acude a demandarla, y de mi pequeño cuerpo, a jirones la arranca. Que la lleve lejos, allende mi patria, donde yo cual peregrino la visite; por cortesía más que nada. De saudades llevo la piel manchada. Y el corazón, a medio latido, por mi pecho se arrastra. Cuándo marchará la inoportuna que me deja la sensibilidad desvestida y helada. A qué viene este duelo sin sedantes, paliativo ni escalas. Por qué una rosa que florece me deja, en lugar de deleite, al umbral de las lágrimas. Por qué el cielo perdió su azul, tantas sucesivas mañanas. Y aquí sigue adherida a un cuerpo que no acierta a soslayarla, mientras la mente, le implora que acullá se vaya; donde su ausencia deje en mi espíritu la paz intacta. De saudades llevo la piel manchada. Y el corazón, a medio latido, por mi pecho se arrastra. ®Trini Reina
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23/10/2007
Bajo un cielo de azules rotos, vaga mi amor cansino y solo. Perdió la partida, renunció al deseo loco. La ausencia se llevó a su par, y de paso, el fulgor de los ojos.La cumbre del olvido remonta mi amor. Camina, lánguido y cabizbajo. Lleva la soledad a cuestas, y el orgullo ultrajado. Tras de si, remolca los sueños, como arrastra las cadenas un esclavo. Profundo como es, con tanta holgura y calado, el silencio lo aureola de sombras, y la añoranza, en él, hace estragos. El desencanto que padece, vorazmente, vida le mermó y de harapos, un sudario, le adjudica el desamor. Bajo un cielo de azules rotos, vaga mi amor y en cada huella que deja, como un sol caduco, le agoniza el corazón. ®Trini Reina Enero/2006 Etiquetas: Reheditados, trini_Reina, Azules, cielos, desamor 
09/10/2007
Mi soledad y yo hace tiempo que firmamos una alianza de no agresión: testigos fueron su malasombra y mi hastío.Ella hizo voto de no tiranizarme con su insidia. Y yo, me comprometí a no dejarme balancear al alcance de sus zarpas. De vez en cuando, me dejo arrastrar hacía su recóndito silencio y ella, leal, me zarandea recordándome nuestro convenio. Otras, es ella, olvidadiza, quien se cuela por las rendijas de mis puertas; viscosa y muda, y yo, para que no me seduzca le cierro todos mis recovecos. Cuando en mis alrededores la algarabía hiere mis apetencias de sosiego, la reclamo, y ella a mí acude engalanada de gris. Y entonces yo, cansada, me dejo acariciar por sus arrulladoras manos… Pero, cuando sin requerirla aparece de negro paño vestida, antes de que macule mí alma; extraigo de mi seno el pacto sellado, y le recuerdo su compromiso; y aunque ella se empecine, y pretenda quedarse en mis estancias más de lo legalmente autorizado, yo me armo de voluntad y la desdeño. Mi soledad y yo… Llevamos años gozando de una tolerable coexistencia. ®Trini Reina
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22/09/2007
Como cada noche, tras la jornada de trabajo esperaba el autobús en la estación. Aquel día se encontraba especialmente cansado y se sentó en uno de los bancos de respaldo de hierro y asiento de madera que salpicaban los andenes. Miró a derecha e izquierda y vio los mismos rostros aburridos de cada día. Llevaba algún tiempo tomando el bus de las once de la noche que lo llevaría de la capital al pueblo que lo adoptó unos años atrás. Mientras aguardaba, cerró los ojos.Rumiaba sus problemas, hasta que un sonido lo sacó del ensimismamiento. Alguien corría por la rampa de acceso a los arcenes. Era una mujer, lo dedujo por el repiqueteo de los zapatos de tacón en el duro cemento. En efecto, cuando la divisó, bajaba el desnivel a carrera abierta. Le llamó la atención la tristeza que se le adivinaba en el semblante. Sus ojos brillaban de lágrimas, pero la mujer se negaba a derramarlas. Advirtió como de un manotazo, casi con rebeldía, se las enjugó. Se quedó mirándola, parecía asustada y dolorosamente desamparada. Ella, en silencio, tomó asiento a su lado, y él se moría de ganas por entablar conversación y preguntarle qué le sucedía, o sí acaso necesitaba ayuda. Pero la timidez le amordazó la lengua. Llegó el autobús, y una vez dentro, ella se sentó en el asiento delantero, tras el conductor, mientras él, por hábito, ocupó el mismo de cada repetida noche, junto a la puerta trasera. No le quitó ojo en todo el trayecto, esa mujer, no atinaba a saber por qué, había despertado en él un interés rayando la morbosidad. Al llegar a su destino, él se apeó en la primera parada y el autobús continuó su ruta… No volvió a verla hasta un año después, pero, no la había olvidado. La distinguió entre un corro de gente, parecían todos amigos. Era fiesta en el pueblo. Ella reía a carcajadas de algo que le comentaban. Le asombró percibir la variación en la expresión de sus facciones, la sombra de aquella primera vez en la estación, y la luz de esta noche festiva. La noche y el día... Desde entonces, en contadas ocasiones, la volvió a ver por el municipio. En el supermercado, en la consulta del médico, la calle… En otra ocasión, de nuevo en el bus. Él siempre la miraba de reojo si iba solo, y cuando lo acompañaba su esposa, agachaba la cabeza y se limitaba a percibir el rastro de ella que pasaba. Pero, siempre la presintió. Y si le hubiesen preguntado sabría decir en qué lugar y qué estaba haciendo cada una de las veces que la había visto a lo largo de todos estos años. Hoy se levantó temprano, tras unos días de fuertes lluvias el sol asomó en el cielo impregnándolo de un profundo color azul. El aire se respiraba purificado, era una gloria pasear en una mañana así y decidió hacerlo. Caminó por la calle central de la población: solo, despacio, recreándose en el ambiente tranquilo de esta otoñal mañana. Sereno, hasta que desde lejos la vio venir de frente entonces su corazón incrementó los latidos. Ella aun traía marcada en la boca la sonrisa que le había dedicado a su acompañante al despedirla en una de las bocacalles que desembocaban en la avenida principal. Esta vez él no estaba acompañado, se sentía menos timorato, una fuerza interior le otorgaba valentía, y clavó, mientras se acercaba, la mirada en sus andares, en sus ojos, en su figura… Al llegar a la misma altura, la mujer habló -Buenos días- dijo. En ese mismo instante se percató de que en trece años, esa era la primera vez que escuchaba su voz, y el requiebro que pugnaba por escapar de los labios, murió en su garganta. De nuevo lo poseyó el silencio, malgastando tan propicia oportunidad de hacerse notar y, ni siquiera fue capaz de responder con naturalidad al cordial saludo… ©Trini Reina
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14/09/2007
 No la busques al borde del mar, en aquella playa a la que tanto solíais ir, salpicada de gaviotas. Tampoco en la ribera del verde río, confundida con los naranjos, bañada de azahares. No la busques en las yermas cumbres ceñidas de nieves. Ni en las laderas tapizadas de arcaicos olivos. No la busques en las aceras del epicentro de su mundo. Ni en los suburbios grises de tus dominios. No la esperes que no surgirá de las alas del viento. Ni comparecerá embrujando a la noche, ni galanteando a la mañana. No la hallarás platicando con la luna, ni vagando por las aristas de un lucero. No la busques... que partió a otra tierra a reverenciar a otros dioses. No la busques en las afueras. Tantéala en los recovecos de tu alma, que su esencia dentro de ti habita. No la verán de nuevo tus ojos, mas su imagen pervive en la alcoba de tu retina y, a veces, para dañarte, se despereza, lacerándote con su hermosura. No volverás a palparla, pero tu piel al evocarla se entibiará de gozo, hasta que, con un ramalazo, se percate de la soledad que la vulnera. Aún sin atreverte a exhalar, presientes que te besa una sombra de humo vestida. Y la huella helada de esos labios que dejaron de besar a los tuyos, para siempre desertará de tu boca. Tal vez alguna tarde, cuando desfile el crepúsculo, la brisa silbando reavive en tus oídos su voz y un escalofrío espoleará tus sentidos. Imaginarás que es ella, la que se fue, que por tu lado pasa; pero no la escudriñes en las afueras, porque ya sólo reside en ti fundida. ®Trini Reina
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04/09/2007
Se incorporó, y titubeando dio su primer paso…Marchó paulatinamente, dejando a sus espaldas multitud de cosas antaño precisas. Objetos tan manidos que perdieron mucho tiempo atrás el poder de brindarle confianza. La silla donde se mantuvo sentado tantos plagiados años quedó al fin desocupada.Cerró a cal y canto esa habitación de atmósfera cargante, y sin especular, impulsivamente; inició el camino. Sin dolor en la mirada, a pasos largos, anduvo el zaguán. Alcanzó el portón y de un certero golpe descorrió el cerrojo. Casi con la respiración fuera de juego se paralizó en el umbral. El corazón, con sus acelerados latidos; lo ensordecía. Allí se mantuvo unos segundos, indeciso, tenia miedo al infinito que ante el se extendía. A ese inexplorado territorio que le aguardaba fuera. Aún sin atreverse a dar por si solo el paso definitivo, fue una ráfaga de viento quién decidió por él. Con un fuerte estrépito, que resonó en todo el edificio, que reverberó en toda la avenida, la puerta se cerró tras de sí; dejándolo expuesto; pero, tremendamente vivo. Entonces, sus pies livianos sin la pesadez de la incertidumbre; emprendieron la huida hacia la liberación. Cuándo llevaba un buen trecho recorrido se frenó, volvió la vista atrás y vio cómo una tormenta de arena se ensañaba con el reino de la Nada. Sin el menor sentimiento de duelo por la catástrofe, con júbilo reemprendió su recién estrenada odisea… © Trini Reina Etiquetas: Viejos_pétalos, Trini_Reina:huída, libertad 
10/08/2007
Eres tú la brisa que esponja mis alas, y el viento que me eleva sobre la vida. Son tus caricias las que hacen vibrar mi piel, y a mi alma, eres tú la luz que la ilumina. Tú eres el sol que broncea mi espíritu, y la luna que mi sueño vigila. Contigo son más azules los cielos, y de noche, eres la estrella ante la que mi oscuridad declina. Eres tú mi paz, mi hogar, mi energía… Contigo muere mi llanto y resucitan mis sonrisas. Porque tú, eres el fuego que enciende todas mis líneas, y la pasión que con su embrujo mi superficie aviva. Contigo se abrevian las penas y se duplican las alegrías. Eres tú para mi corazón; el palpitar que lo encandila. ®Trini Reina Etiquetas: Prosa_poética, Trini_Reina, contigo, amor, alma 
29/07/2007
Estoy cansada de poner buen perfil al mal tiempo. De sonreír sempiternamente a las afueras. De encender cada alborada las luces de mi fachada, cuando apenas la llama de una vela alumbra mis adentros. Estoy agotada de disfrazar mis desalientos. De rellenar con humo mis vacíos. De plantarle férrea cara al huraño destino. De lidiar, huérfana de armas, contra este ejército de potentes sombras que me violentan.
Y quiero exigir mis derechos. Exijo poder llorar a mi capricho sin que nadie me instale en los ojos un pañuelo para amordazar mis lágrimas. Exijo la plena libertad para revolcarme en mis miserias; para regodearme en mis dolores.
Exijo la paz para esta ofensiva de contratiempos. Exijo mi derecho a derrumbarme, estoy hastiada de tener que mostrar firmeza ante los elementos que me azotan. Por una vez, hoy, quiero sumergirme libremente en el túnel de las tinieblas y dejar de simular que soy un ser irreductible.
Quiero, al menos en este día, portar orgullosa la bandera nívea de la rendición, sin que nadie me tache de desertora que ya elegiré yo, libremente, el momento de reemprender mi lucha.
®Trini Reina Etiquetas: Viejos_poemas, Trini_Reina, rendiciones, irreductible 
26/07/2007
Ven… renuncia a ese cosmos que te encadena. Ven y deja que en otros lares giman los ausentes; cada cual dirimiendo su propio desconsuelo. Que los intrusos se abstengan de invadir este íntimo edén, en el que, al fin, hoy se exhiben las estrellas.Ven y quédate… Aunque sea inerme y callado en mis contornos, que ya mi cuerpo conocedor del latir del tuyo; sin códigos se alertará de tu presencia. Ven, que eres la savia que nutre mis caducas hojas, milagroso remedio sanador de heridas, incluso las cicatrices desaparecen bajo la huella de tu mano. Muéstrate y trae contigo el maná que calma mis anhelos de mujer. Sólo en tu deseo esta pasión que me puede, encuentra motivo para existir. Ven y entíbiame la piel, que se disipe el antiguo frío que la ocupa. Revélate y que tu calor, a placer, embista mis sentidos. Ven, que mi sonrisa en su claustro desfallece sí la tuya no acude a libertarla. Pon música en mi corazón, así la sangre huirá de su letargo y el alma, dichosa, bailará en su hueco. Manifiéstate y que nuestra luz, al fundirnos, reste opulencia a los rayos del sol. Ven y aniquila esta ácida soledad que me corroe. Unamos nuestros lazos en el amor y que, a dúo, estas almas extraviadas festejen enlazadas el final de su odisea. ®Trini Reina Etiquetas: Viejos_poemas, Trini_Reina, invocaciones, pasión 
11/07/2007
No hables; calla. Deja que resucite mi cuerpo acunado en tu paz blanca. Mientras, mis manos reposan en el consuelo de tus manos.Déjame entornar los ojos, y recostarme en tu pecho, que quiero ser arrullada por los latidos de tu corazón ardiente. Quiero que mis temores hoy duerman en sus fuentes sin ver la luz de este hermoso día. No hables; calla. No son necesarias las palabras. Sólo pretendo oír el rumor de la sangre por tus venas, y que estas, repicando, anuncien a las mías, que hoy la vida, a este juego de seducción nos convoca. No hables; calla, descubrámonos a besos y caricias, que esa sea la mágica manera de expresárnoslo todo. Que tu alma susurre sus anhelos a mis sentidos; así en gozo revivirá el alma mía. Y deja que nuestros cuerpos enredados inicien un duelo donde el deseo tome del talle a la ternura, y abrazados, interpreten la más antigua de las danzas. ®Trini Reina Etiquetas: Viejos_poemas, Trini_Reina, amor, pasión 
11/03/2007
 Lo declamó a voces sin escatimar palabras. Se lo escribió mil veces, en cada letra, asomaba el alma. Por cada verbo, en cada signo; amores suspiraba. En los besos ofrecidos y los que no aceptaba. En los consuelos rogados y las caricias esquivadas. A todas horas, cada minuto se lo gritaba. Te quiero, te quiero... Mas él no escuchaba, sus oídos estaban sordos, en la mente, la sordera instalada. Te quiero, te quiero… La mirada lo prometía, la sonrisa lo atestiguaba. Te quiero, te quiero, por los poros la piel cantaba... Ella despilfarrando ternuras, él, la indiferencia como arma, sin espacio en su aforo para la pasión encarnada. En la lengua los te quiero de impotencia se desangran... Al tercer acto llegó el desamor, el fin, lo firmó la nada. Cayó el telón, el escenario se hizo escarcha. Se apagaron las candilejas, se plegaron las butacas, el drama dejó de representarse en los teatros y las plazas. Otra obra sin actores; otra leyenda olvidada. © Trini Reina
Editado anteriormente el 11/3/2005Etiquetas: Rescatando_poemas:Trini_Reina, teatro:vida 
11/06/2005
Nadie jamás la abrazó ¿Para qué? Ella era tan fuerte, no necesitaba abrazos. Era recia, de acero templado. ¿Para qué desperdiciar caricias, consuelos y bellos vocablos? Ella no merecía ser mimada, era fuerte, de hierro forjado.
Todos a su alrededor la admiraban, era, de virtudes, un dechado Todos lo percibían, pero nadie miró en su corazón desabitado.
Cierto día, un rayo azul iluminó su tejado. Pero ella no supo verlo, nunca antes la habían alumbrado. Y, entre tanta penumbra, la forma de amar había olvidado.
©Trini Reina 
16/05/2005
 La mañana despertó huérfana de auroras, somera flor apétala en tierra baldía; miserable de sueños, extenuada de lozanías. Levántate, te apremio, como Lázaro recorre el camino, anda criatura, camina, camina. Sólo existe esta ruta al vivir, sin refugios ni orillas. Paso sobre paso, día tras día, inmutable al desaliento, insensible a la fatiga. Calcetines de lana, botas de cuero bruñidas. Arrastra la carga por trochas y senderos, sin válidos extravíos prosigue la línea perpetua, Sin cotos ni refrenos. Que no te venza la desidia, que no triunfen los pañuelos. Una jornada, penumbrosa es el alba la siguiente, celestes se descuelgan los cielos; el sol entibia la mañana, la tarde revienta en deshielos. Quizá en el horizonte radique la meta Así que contumaz continua el trayecto. © Trini Reina 
06/05/2005
¿Dónde habitabas entonces, la mañana en que la oscuridad me donó su velo, mientras en las calles bailaban las auroras? ¿Y aquella tarde en que la penumbra me regaló su capote de sombras y mi cuerpo, como árbol en otoño, perdió la masa de sus hojas?.
¿O esa larga noche, en que la piel reclamaba caricias y sólo mis propios abrazos le brindaron consuelo a su desdicha? ¿Dónde estabas entonces, con tus pócimas y tu aliento? ¿En qué antro atesorabas el bálsamo de tus besos?
Llegó el silencio e invadió mis dominios, la música radicaba en tus aposentos; aún así, me la negaste, tus cantos caducaron por obsoletos y seguías cicateándome el más pueril de tus sonetos.
Me consumía la soledad, tanto que hasta de mis alas huyeron las plumas y en mi mirada perecieron los rayos de luna.
¿Y dime, alma mía, ¿por qué te extrañas ahora no ser la clave de mi secreto, de mi volar a otros lares, sedienta de nuevos remedios? Sí, tal vez me tope con similares vacíos; mas quizá un tímido sol derrita en mi corazón el hielo, restaurando mi alma con soplos de olvidos y mi cuerpo con ungüentos sanadores de sueños. © Trini Reina 
27/04/2005
 Esperando su arribada, le abrió todas las puertas y destapó las cien ventanas, las cortinas de cretona, sobre sí mismas arremangadas, las paredes encaladas, reverberando a media tarde, la ropa en el patio tendida, oreándose a compás del aire. Al descubierto el corazón latiendo a son de sangre y fuego. El alma desnuda, tocada de níveo velo. Apareció plantando flores, sembrador de sueños con semillas preñadas; orondas de dichas, de bondades insufladas. Clarificando madrugadas, iluminó de colores las estancia, perfumando los sentidos con millones de fragancias. Y llegó para quedarse, jardinero cultivando gracias, colmando los espíritus de cuantos en él se miraban. 
24/04/2005
 En un arrebato de soberbia quiso domeñar al viento, erigiendo puertas en el aire. No advirtió que hay presentes que matan. Como los celos, que ennegrecen el alma, los besos en los definitivos adioses, los desaires en las crudas miradas. Al percatarse del delirio que sufría, se conformó con que, al menos, cesase su profundo frío y, bondadosamente, imploró al sol que caldease la atávica soledad en que sus entrañas pervivían. Éste, magnánimo, le donó mil ósculos de fuego y cien rayos de brillantes caricias. Magnífico es el mar si carece de diques y rompeolas. Límpidos los ríos en el nacimiento cuando rebullen encabritados. Luce infinitamente más la luna sin ser circundada por un halo. Óptimo resplandece el amor cuando, en libertad, es vivido y gozado. Nadie debería vestir de cadenas lo que le es ajeno y por gracia le ha sido entregado. Lo etéreo, lo sublime, lo dulce, lo bello... lo amado. 
18/04/2005
 Se presenta la añoranza bordada de nubes. Cúmulos orondos color plomo, textura de plomo; sabor a plomo. Por las que el sol impotente, negado está a penetrar con sus destellos áureos. Oro cálido al que espera sabiendo, que el martirio de ahora, en el porvenir, tendrá validez y sustancia. Mas helor punzante a los desesperanzados. Mil kilos pesan los hombros, que empujan hacía abajo al resto del cuerpo grávido. El suelo se presiente cada minuto más cercano, tanto que se huele la humedad del lodo. La cabeza en su atalaya es un caos de pensamientos delirantes; no pesa, de tanto elucubrar se ha transformado en humo. Una mueca descolorida, la boca saturada de vacíos, en la nada diluida, rodeada de arrugas, acanaladuras sin saleros ni dulzuras. Pozos sin fondos, en los que la retina no logra divisar el reflejo de lo que otean las tristes afueras: los ojos. Y sus pestañas cortinas de calabobos. Venus, ni por asomo brilla en el alba, ya que el horizonte ha abierto hoy las puertas imitando, el color del olvido. @Trini Reina
11/04/2005
 El reloj interior tañe su campana, despidiendo al sueño con sinfonías de adioses. Las pestañas se desperezan y descorren las cortinas de seda, para que penetre la luz de un nuevo albor. Una ráfaga, una estela fugaz se cruza por la mente, salpicándola de instantáneas sobre remotos recuerdos. Reminiscencias que, perturban las brumas de la memoria. La nostalgia lacerante de lo ausente. El alma se eleva desde su seno reclamando un abrazo ajeno, que nunca tendrá, porque jamás tuvo. Las dimensiones de la estancia, poco a poco recobran el tamaño razonable; la visibilidad idónea. Los ojos totalmente abiertos ya, aceptan al día que se inicia. Oscureciendo al corazón, una nube retarda su evaporación, impidiendo por unos minutos que estalle el sol mostrando su esférica silueta. En el resto del cuerpo la última brizna de pereza le dice adiós a su crisálida de acogedoras sábanas y conmina a los pies a emprender el camino hacia esta jornada que abre sus puertas, dónde sin remisión obligado está a lidiar, con las luces y las sombras del orbe privado. ©Trini Reina
31/03/2005
 Ser ungüento para tus heridas, bálsamo para tu quebranto, el elixir de tus desdichas, y la risa que opaque tu llanto. Llenarte la mirada de estrellas, dibujarte el semblante con mis manos, desfruncir el ceño de tu frente, y ocupar con mis flores tus brazos. Porque sólo ansío tu alegría, ver sonreír a tus ojos pardos, besar la mueca irónica que a veces te amarga los labios. Y junto a ti emprender el vuelo hacía un mundo desbordado por riadas de esperanzas y avenidas de milagros. No te sientas triste, mi niño, mira que nada es para tanto. Tras la tormenta llega la calma, tras los silencios vendrán los salmos. ©Trini Reina 
20/03/2005
 En los paisajes del alma hace días en que sólo se perfila el crepúsculo. En el horizonte, la aurora no se decanta por romper, y el cielo permanece estático en sus tonalidades. La paleta sólo dispone de grises y malvas, y dibuja el centro y los alrededores con ese color indefinido, deslucido y demacrado, como de querer subir la escala un tono más, pero sin poseer los redaños necesarios para ello. Ahí se ha acomodado la luz y pasan las horas. El sol negado está a penetrar la penumbra con sus candentes rayos, con su brillo áureo, tan capaz de ocupar los ojos con pintitas de estrellas y en los corazones, difuminar la calígine. El reloj prosigue su eterno caminar, se suceden los segundos, los minutos, en fila india, uno tras otro. Mas nada permuta, el panorama persiste inmutable. Bien es cierto que el firmamento tampoco desemboca en anochecida. Todo se mantiene detenido en ese crucial instante de las veinticuatro horas, en que se confunden los semblantes de la alborada y el anochecer. En ese momento en que, si arribáramos desde un remoto planeta a la Tierra, incapaces seriamos de distinguirlos. No alcanzaríamos a dilucidar si, en unos minutos, despuntará pletórica la mañana o la silente noche, con su carga de misterios. En esa conjetura se halla inmerso el espíritu desde hace unas jornadas, en ella errabundo va levitando, sin rozar el suelo, envuelto en jirones de espuma. Mas tampoco se decide a mostrar al mundo las dimensiones de sus acobardadas alas. Nebulosidad. Medianías entre luces y sombras, como si el desenlace, el Big-Bang definitorio, aguardase emboscado tras la cara oculta de la luna, celando el soplo idóneo para eclosionar. Cimentaremos la esperanza, recargada de fe, para que, cuando se produzca la explosión, surja en su mayor apogeo la luminosa mañana y en el orbe del cuerpo, el intenso azul derrote al melancólico gris malváceo. 
06/03/2005
 A veces los brazos sangran de vacíos y el pecho semeja un profundo pozo. En el fondo, en una gota de aliento, agoniza el corazón entre despojos. Como un ejercito fantasmagórico, la tristeza lo invade todo. Y nos encerramos en nuestro interior bajo siete llaves y un cerrojo. La soledad se apodera del espacio con su manto de gris plomo. Entornamos las pestañas, sellamos los ojos. La desazón el seno aprisiona, lo ahoga en herrumbres y óxidos. No hay música para los oídos, ni salones de baile donde dancen tus pies. Ninguna lumbre que palie el frío de la solitud de este océano mísero y huérfano de fe. Te bebes las lágrimas que parecen acericos y se clavan al bajar por la garganta. Porque hay que mantener la compostura y tragarse las puntas de lanza. ¡Quién sabe el paraje de donde proviene tan umbrío duelo! Desde algún perverso lugar de la mente se descuelga a su antojo, sin cortapisas ni frenos. Y los sueños se resecan en el alma y las auroras perecen en el cuerpo. Así duelen las entrañas, cuando la azotan los pensamientos agoreros. © Trini Reina
21/02/2005
 El abrazo perduró sólo un segundo. ¡Qué poco basta para suplir ausencias! Una fugaz caricia, un oculto beso, una mirada discreta, logran ocupar siderales agujeros y calman tormentas caribeñas. En ese minuto asoma el corazón a las afueras, por los poros rebosa el alma y la indiferencia huye rastrera. Mas el tiempo inexorable tañe punzante, reclama su espacio sin tregua, se desanudan los brazos y se recobran las mentes cuerdas; con las manos tras la espalda y la inocencia en la sonrisa puesta. La brisa recogió el furtivo encuentro, voló con él a la montaña secreta donde reposan los sigilosos abrazos de la gente que se ama sin estridencias. Adiós mi bien, que te acompañe la aurora, no olvides la mañana perfecta en que mis brazos perdieron el freno y robaron un trago de tu añorada esencia. 
25/01/2005
 Para la vastedad del universo, no eres nadie: una hormiga más con su alimento al hombro, un cero en las cifras, una llave sin cerrojo. Pero para mí eres la deidad que ocupa la hornacina de mi alma atribulada, dolida de espantos, harta de desesperanzas. Tus besos son los milagros que canonizan mis entrañas; tu risa, el manantial que la perenne sed calma. Para los glaciales planetas no eres nadie, te miran ufanos desde su atalaya, un punto diminuto allá abajo, caminando con presteza hasta mi casa. Pero cruzas el umbral de mi hogar y el mundo, cual noria, gira. De diamantes se iluminan mis estancias y la sangre comienza un maratón de dichas. Para los demás no eres nadie, un simple número en las estadísticas; con apellidos, un habitante, una cara más entre trillones distintas, Más para mí lo eres todo: el maná, que mi hambre sacia; la sal, que da sabor a mi insulsa monotonía, el solaz, para mi cuerpo azotado; las caricias que desecan mis agonías. Porque tanto te amo, lo eres todo: mi pasado, mi presente y el futuro que, alegre, me mira, el tesoro más preciado, la pasión que me motiva. 
23/01/2005
 Y la herida consigue replegarte hasta el interior profundo de tu morada, a la bóveda glacial y lóbrega | | |